"Niños coyotes": traficantes de personas en frontera son adolescentes

Una peculiaridad del sistema migratorio evita que los traficantes vayan a prisión mientras sean menores de edad

border smuggler
(CARLOS OGAZ/AFP via Getty Images)

(NOTICIAS YA).- La frontera sur de Estados Unidos actualmente es escenario de una de las más grandes afluencias de migrantes en la historia: desde octubre de 2020, los agentes migratorios han detenido a millón y medio de migrantes en la región, la cifra más alta en dos décadas.

Sin embargo, destaca el Washington Post, al centro de esta oleada se encuentran los menores de edad, no solo como migrantes sino también como traficantes de personas.

Se trata de niños que crecieron a las orillas del río Grande, y que ganan unos 100 dólares por persona que ayudan a cruzar. Para muchos de ellos, indica el citado medio, se trata de un trabajo de medio tiempo, mientras que para otros, ha sido motivo de fama e incluso se han convertido en protagonistas de canciones.

El Post destaca el caso de “Antonio”, identificado únicamente por su nombre de pila, quien guió a su primer grupo de inmigrantes indocumentados hacia Estados Unidos a los 12 años, edad en que los niños se gradúan de la primaria.

Ahora tiene 17, y se ha vuelto en uno de los jóvenes traficantes de personas más exitosos en la frontera entre Brownsville, Texas, y Matamoros, Tamaulipas.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza adscritos a esta zona publican el “Top 10” de traficantes en la pared de su oficina. Antonio ha sido detenido unas 15 veces pero, otros de ellos, más de 100.

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Una peculiaridad del sistema migratorio de Estados Unidos, destaca el Washington Post, es la razón por la que los jóvenes traficantes no se preocupan por ser atrapados. Desde hace muchos años, el Departamento de Justicia no procesa a menores mexicanos por tráfico de migrantes.

Cuando estos son detenidos, explica el Post, los suben a camionetas blancas de la Patrulla Fronteriza y los liberan en el norte de México, donde pueden volver a comenzar el ciclo, incluso horas después.

Una política diseñada para protegerlos los ha hecho presa fácil de los cárteles del crimen organizado, y estos menores incluso se han ganado el mote de “niños de circuito”.

Debido a que el Departamento no puede procesarlos, la Patrulla Fronteriza en ocasiones se ve obligada a contratar dentistas para analizar la dentadura de los menores y determinar que no mienten sobre su edad.

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Sin embargo, al cumplir 18 y alcanzar la mayoría de edad, ya no están exentos de ser procesados y, si son descubiertos traficando migrantes, pueden ser enviados a prisión en Estados Unidos por una década.

Por ello, conforme alcanzan la madurez, el crimen organizado los va dirigiendo a trabajos más peligrosos, como narcotraficantes o sicarios.

Hace años, refiere el Post, para disuadirlos de la actividad delictiva, los agentes intentaron detener a los menores por meses sin derecho a juicio, pero este enfoque fue criticado por activistas en pro de los derechos humanos.

También intentaron dejar a los menores en otras ciudades fronterizas, lejos de sus hogares y bajo el control de cárteles enemigos, pero lo anterior los ponía bajo mayor riesgo. Los agentes creen que el poder de la persuasión es su única herramienta.

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El Washington Post añade que el problema es tan amplio y evidente en la región que el gobierno local ha lanzado un programa para retirarlos de esta actividad, el cual incluye sesiones psicológicas, oportunidades educativas y laborales, y hasta un equipo de fútbol juvenil.



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