El bullicioso distrito comercial de Washington está en shock tras el ataque contra dos miembros de la Guardia Nacional

Fasil Regassa se seca las lágrimas cuando habla de Sarah Beckstrom, la miembro de la Guardia Nacional de 20 años que recibió un disparo el miércoles a solo unos metros de su tienda.

“Lloré cuando escuché que había muerto”, dijo Regassa a CNN.

Durante nueve años, Regassa y su esposa, inmigrantes de Etiopía, han administrado una tienda 7-Eleven justo enfrente del lugar del tiroteo.

Cuando comenzaron los disparos, cuenta Regassa que cerró con llave las puertas principales de su tienda y metió a los tres o cuatro clientes en una zona trasera para ponerlos a salvo.

En el bullicioso centro de la ciudad de Washington, a unas cuadras de la Casa Blanca y repleto de turistas, cadenas de restaurantes, cafés, bancos, tiendas y oficinas corporativas, los miembros de la comunidad empresarial todavía están procesando la violencia y el caos que experimentaron cerca de la estación de metro Farragut West.

Beckstrom y su compañero Andrew Wolfe, de 24 años, recibieron múltiples disparos de un pistolero solitario justo a la entrada de la estación de metro.

Beckstrom falleció a causa de sus heridas el jueves por la noche.

Ambos soldados, miembros de la Guardia Nacional de Virginia Occidental, habían sido desplegados en la capital del país durante el refuerzo policial del presidente Donald Trump en agosto de este año.

Regassa manifestó que la presencia de miembros de la Guardia Nacional en este distrito ha hecho que el área sea “más segura” y describió a los miembros de la Guardia que han venido a su tienda a comprar bocadillos y bebidas como “gente completamente agradable”.

Dice que aprecia a los guardias y que la zona comercial era más peligrosa antes de su llegada.

Contó a CNN sobre un incidente ocurrido en 2020, cuando cinco asaltantes irrumpieron en su tienda, robaron algunos artículos y le causaron una fractura de pierna cuando uno de ellos se abalanzó sobre él mientras yacía en el suelo.

Rosa Fuentes también se vio envuelta en el caos de la tarde del miércoles. Fuentes administra la panadería y cafetería Tatte, a menos de una cuadra del lugar del tiroteo. Al oír los disparos, Fuentes narra que inmediatamente cerró con llave las puertas del restaurante y mantuvo a los clientes dentro.

Vio a una mujer corriendo afuera, a quien describió llorando, “temblando” y “en pánico”, y abrió las puertas para dejarla entrar. “Teníamos miedo”, manifestó Fuentes, porque “no sabíamos si habían atrapado al tipo”.

Fuentes, quien tiene una hija de 23 años, también contuvo las lágrimas al reflexionar sobre la muerte de Beckstrom. Comenta que lloró al enterarse de la noticia y que “pensaba en cómo se sintieron sus padres”.

Fuentes, una inmigrante salvadoreña, describió a los guardias que acuden a su restaurante como gente amable, pero tiene sentimientos encontrados sobre los planes de la administración Trump de desplegar más guardias en Washington tras el tiroteo.

Inicialmente indicó que creía que esto podría mejorar la seguridad de la zona, pero añadió: “No lo sé”, y expresó su preocupación por lo que podría pasarles a los propios guardias.

La gerente de otra cafetería cercana, que se negó a revelar su nombre y el de su establecimiento, dijo haber presenciado el tiroteo, calificándolo de “impactante”.

Recordó haber cerrado las puertas de la cafetería y haber obligado a los clientes a tirarse al suelo momentos después.

Añadió que los guardias que patrullan la zona desde agosto han mantenido un perfil bajo y le complace que pronto se puedan desplegar más. Proporcionarían “otra capa de protección”, añadió.

Gyanu Sapkota, un inmigrante de Nepal que ha administrado una tienda de sándwiches Subway cerca de Farragut Square durante 18 años, comentó a CNN que los miembros de la guardia solían ir a su tienda durante su despliegue y que Beckstrom y Wolfe le parecían familiares.

Los guardias de la ciudad “son muy, muy amables”, afirmó Sapkota, quien no estaba en la tienda durante el tiroteo. “La mayoría eran muy amables. Casi todos eran muy jóvenes”.

Antes de la llegada de la Guardia Nacional a la zona turística, Sapkota comentó que a menudo tenía problemas con gente que entraba a su tienda y robaba bebidas y bolsas de papas fritas.

Pero afirmó que la presencia de la Guardia Nacional en la zona les ha dado mayor seguridad a él y a sus empleados, y aplaudió el plan de enviar más guardias a Washington. “Eso es mejor para nosotros”, manifestó Sapkota.

Los gerentes de las sucursales locales de los principales bancos que operan en Farragut Square, que se negaron a dar sus nombres, describieron a CNN cómo cerraron las puertas y se pusieron a cubierto después del tiroteo. También narraron como vieron a la policía converger en la escena y a gente corriendo frente a sus ventanas.

Uno de los gerentes que calificó el tiroteo como “triste”, pero sobre la presencia de los miembros de la guardia en el área manifestó: “No los quería aquí”.

“En mi opinión, son militares y siempre serán blanco de ataques”, sostuvo. “Simplemente creo que hay maneras de hacer más en la comunidad para reducir la violencia. No creo que la Guardia Nacional lo haría”.

El gerente de otro banco describió a los guardias de la zona como amables, y afirmó que uno de ellos le regaló un parche como gesto amable. Pero añadió, sobre el posible despliegue de guardias adicionales aquí: “No creo que deban traer más. No creo que mejore la situación”.

El viernes, un monumento improvisado en memoria de las víctimas en el lugar del tiroteo fue creciendo cada hora, en la medida que la gente colocaba flores, coronas, banderas y notas en una maceta al aire libre junto a la entrada de la estación Farragut West.

Un infante de marina de 21 años, que no dio su nombre porque no está autorizado a hablar con los medios, colocó un jarrón de rosas, un parche con la bandera estadounidense y dos monedas de desafío en el monumento.

Después de tomarse un momento para reflexionar sobre las víctimas, le comentó a CNN que pensaba que la retórica política y las acusaciones mutuas después del tiroteo habían sido “repugnantes”.

“Todo esto debe parar”, expresó. “Debemos reconocer que un militar estadounidense ha perdido la vida”.

Alguien colocó una nota que decía: “Orando por toda la Guardia Nacional, gracias por todo lo que hacen”.

Un hombre que dejó flores apuntó que, aunque no estaba de acuerdo con el despliegue de la Guardia Nacional en la ciudad, “ella no merecía morir”.

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