Fue como ver la televisión.
Reunido en una sala apartada con cortinas en Mar-a-Lago alrededor de pantallas dispuestas para su placer visual —incluyendo, según fotos publicadas por la Casa Blanca, una transmisión en vivo de mensajes en redes sociales en X— el presidente Donald Trump observó y escuchó mientras soldados estadounidenses altamente entrenados de la Delta Force irrumpían en la casa de Nicolás Maduro en Caracas, donde el presidente de Venezuela dormía junto a su esposa.
Maduro fue rápidamente arrastrado bajo custodia cuando intentaba huir a su habitación segura reforzada con acero.
Fue la culminación dramática de una campaña de varios meses cuyo objetivo final ha sido claro para quienes participaron en su planeación: derrocar a Maduro del poder. Trump, quien en ciertos momentos expresó dudas sobre el potencial de consecuencias no deseadas y la posibilidad de que EE.UU. se viera envuelto en una guerra prolongada, dejó de lado cualquier reserva y dio luz verde a la operación en los días previos a Navidad.
No fue hasta más de una semana después que el clima se despejó y las condiciones fueron las adecuadas para la misión fuertemente custodiada. A las 10:46 p.m., hora de Miami, tras hacer una excursión de compras de mármol y ónix y disfrutar de una cena en el patio de Mar-a-Lago, el presidente dio la aprobación final.
“Buena suerte”, dijo Trump al grupo de funcionarios de seguridad nacional que se habían reunido en su lujoso club privado en el sur de Florida, “y que Dios los acompañe”.
Pronto, helicópteros estadounidenses sobrevolaban el mar, a 30 metros sobre el agua oscura, rumbo a Caracas. Un par de horas después, Maduro estaba bajo custodia estadounidense, esposado, vestido con pantalones deportivos grises y usando gafas de bloqueo de luz, según una foto que Trump publicó en Truth Social la mañana del sábado.
Trump declaró el sábado que Estados Unidos ahora “administraría” el país por un futuro indeterminado, ofreciendo sorprendentemente pocos detalles y afirmando que no temía poner “botas en el terreno”.
Para un presidente cuyo movimiento político se alimentó, en parte, de resentimientos por dos décadas de sangrientas intervenciones estadounidenses en el extranjero, fue un giro notable. El presidente pasó por alto en gran medida el trabajo que podría venir, enfocándose en cambio en obtener acceso a las vastas reservas de petróleo de Venezuela y negándose repetidamente a descartar una presencia militar estadounidense más robusta si los aliados de Maduro se niegan a ceder el poder.
En las horas posteriores al ataque, fuentes en Washington, incluidos miembros del personal del Congreso y aliados del presidente, expresaron en privado su preocupación por las consecuencias a largo plazo de la acción —tanto en términos de la seguridad nacional de EE.UU. como del posible impacto político para un presidente con bajos índices de aprobación cuya base ha mostrado poco interés por la intervención estadounidense en el extranjero.
Acompañando a Trump esta semana en Florida han estado los principales arquitectos de la campaña de presión creciente sobre Maduro, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el asesor principal Stephen Miller, quienes fueron vistos cenando con el presidente horas antes de que comenzara la operación. Se unieron a él nuevamente cuando proclamó la victoria el sábado.
Los preparativos para la redada comenzaron a mediados de diciembre, dijeron a CNN personas familiarizadas con los planes. Pero la visión se había plantado meses antes. Incluso antes del primer ataque militar estadounidense a un barco que presuntamente transportaba drogas desde Venezuela a principios de septiembre, el plan para sacar a Maduro del poder ya estaba en marcha.
Mientras EE.UU. aumentaba visiblemente sus activos militares en el Caribe, moviendo buques de guerra y otro material a la región, otro despliegue ocurría en secreto. En agosto, la CIA instaló encubiertamente un pequeño equipo dentro de Venezuela para rastrear los patrones, ubicaciones y movimientos de Maduro, lo que ayudó a reforzar la operación del sábado en cuanto a su paradero exacto, incluido dónde estaría durmiendo, dijeron a CNN fuentes familiarizadas con los planes.
El equipo descubrió “cómo se movía, dónde vivía, a dónde viajaba, qué comía, qué vestía, cuáles eran sus mascotas”, dijo el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, el sábado.
Los recursos incluían una fuente de la CIA que operaba dentro del Gobierno de Venezuela y que ayudó a Estados Unidos a rastrear la ubicación y los movimientos de Maduro antes de su captura, dijo a CNN una fuente informada sobre la operación.
La cronología detallada y la revelación de que un equipo de la CIA ha estado operando dentro de Venezuela durante tanto tiempo arrojan nueva luz sobre la campaña de presión del Gobierno de EE.UU. contra Maduro en los últimos meses, incluso cuando altos funcionarios declaraban públicamente que su objetivo no era un cambio de régimen.
Varios miembros demócratas del Congreso acusaron el sábado a Rubio y Hegseth de mentir a los legisladores durante una sesión informativa del Senado el mes pasado.
El senador Andy Kim de Nueva Jersey escribió en una publicación en X que “los secretarios Rubio y Hegseth miraron a cada senador a los ojos hace unas semanas y dijeron que esto no se trataba de un cambio de régimen. No confié en ellos entonces y ahora vemos que mintieron descaradamente al Congreso”.
En octubre, Trump dijo que autorizó a la CIA a operar dentro de Venezuela para frenar los flujos ilegales de inmigrantes y drogas desde la nación sudamericana. La CIA declinó hacer comentarios.
A fines del mes pasado, la CIA llevó a cabo un ataque con drones en una instalación portuaria en la costa de Venezuela, dijeron previamente a CNN fuentes familiarizadas con el asunto, marcando el primer ataque conocido de Estados Unidos dentro de ese país. El ataque tuvo como objetivo un muelle remoto en la costa venezolana que el Gobierno de EE.UU. creía que estaba siendo utilizado por la banda venezolana Tren de Aragua para almacenar drogas y cargarlas en barcos para su envío, dijeron las fuentes.
No había nadie presente en la instalación en el momento del ataque, por lo que no hubo víctimas, según las fuentes.
A pesar de que se estaban elaborando planes para destituir a Maduro, muchos funcionarios de la Casa Blanca habían seguido esperando en las últimas semanas que el presidente de Venezuela renunciara voluntariamente, dijeron dos altos funcionarios de la Casa Blanca a CNN.
Durante una llamada telefónica entre Trump y Maduro en noviembre, el presidente de EE.UU. recalcó repetidamente a su homólogo venezolano que “sería en su mejor interés” renunciar y abandonar el país, dijo un funcionario, calificando la conversación como “prácticamente un ultimátum”.
“Quiero ser claro sobre una cosa: Nicolás Maduro tuvo múltiples oportunidades para evitar esto”, dijo Rubio el sábado. “Se le ofrecieron múltiples ofertas muy, muy, muy generosas y eligió, en cambio, actuar como un salvaje, eligió jugar, y el resultado es lo que vimos esta noche”.
Tan recientemente como a principios de diciembre, el Gobierno de Trump creía que comenzaba a ver grietas en el sistema de apoyo de Maduro, dijo uno de los funcionarios a CNN. Sin embargo, con el tiempo esa creencia comenzó a disiparse y se inició la planeación de la operación.
Una vez que Trump dio luz verde a finales de diciembre, la operación se vio interrumpida por varios factores, incluido el clima en Venezuela y la decisión del presidente de atacar Nigeria en Navidad, dijo un funcionario.
Caine dijo el sábado que la “Operation Absolute Resolve” (Operación Resolución Absoluta, en español) fue la culminación de “meses” de planificación y ensayos que involucraron a 150 aeronaves y personal de agencias militares y de inteligencia.
Los efectivos seleccionados para participar entonces tuvieron que esperar las condiciones ideales, dijo Caine, y estuvieron en alerta durante las fiestas mientras el clima retrasaba la operación.
“Anoche, el clima mejoró lo suficiente, abriendo un camino por el que solo los aviadores más hábiles del mundo podrían maniobrar”, dijo Caine.
Una vez que Trump dio luz verde poco antes de las 11 p.m., hora de Miami, los aviones militares estadounidenses comenzaron a despegar desde 20 bases en el hemisferio occidental, dijo Caine. Esas aeronaves lanzarían ataques de precisión contra objetivos terrestres venezolanos, como sistemas de defensa aérea, y proporcionarían cobertura para los helicópteros que transportaban al equipo de extracción a Caracas. Estados Unidos también desplegó tácticas de guerra cibernética para ayudar a despejar el camino a sus equipos que operaban en el aire y en tierra, dijo Caine.
Los helicópteros con el equipo de extracción llegaron al complejo de Maduro a las 2 a.m., hora local, en Caracas, dijo el general. Al llegar, los helicópteros recibieron fuego y uno fue alcanzado, pero pudo seguir volando. Estados Unidos respondió al fuego en defensa propia, agregó Caine.
“A medida que la operación se desarrollaba en el complejo, nuestros equipos de inteligencia aérea y terrestre proporcionaban actualizaciones en tiempo real a las fuerzas en tierra, asegurando que esas fuerzas pudieran navegar de manera segura por el entorno complejo sin riesgos innecesarios”, dijo.
Caine dijo que Maduro y su esposa “se rindieron” al personal militar estadounidense antes de ser sacados del país en avión. Maduro y Flores fueron colocados a bordo del USS Iwo Jima, que hizo una parada en la base militar estadounidense en la Bahía de Guantánamo, dijeron a CNN dos fuentes familiarizadas con los planes.
La base, a veces conocida como “Gitmo”, está en el sureste de Cuba y alberga el notorio campo de detención. Allí, Maduro y su esposa fueron transferidos a un avión, que aterrizó en la Base de la Guardia Nacional Aérea Stewart en Nueva York la tarde del sábado.
En Venezuela, la gente no sabía cómo reaccionar.
Numerosas calles en Caracas, donde persistía el olor a pólvora, parecían desiertas en las primeras horas del sábado. Algunas personas que salieron en busca de necesidades básicas, como pañales, encontraron que la mayoría de los comercios estaban cerrados, incluidas farmacias, supermercados y gasolineras.
Trump, de vacaciones durante un largo período en el sur de Florida, dio pocas señales de estar planeando una de las acciones más trascendentales de cualquiera de sus presidencias. En cambio, siguió con sus rutinas habituales: días en el campo de golf, cenas en el patio de Mar-a-Lago y la organización de una gala de Nochevieja que contó con la actuación de Vanilla Ice.
En las horas previas a dar la aprobación final, el presidente se reunió en su club de golf con el vicepresidente J. D. Vance para discutir los ataques, pero Vance regresó a su casa en Cincinnati después de que comenzara la operación. Vance participó en varias reuniones nocturnas mediante videoconferencia segura con altos funcionarios de seguridad nacional en los días previos a la operación.
Un portavoz de Vance dijo que el equipo de seguridad nacional de Trump “estaba preocupado de que un movimiento en caravana del vicepresidente a altas horas de la noche mientras la operación comenzaba pudiera alertar a los venezolanos”.
Mientras tanto, Trump observó el complejo operativo en tiempo real desde una sala en Mar-a-Lago junto a generales militares.
“Si hubieran visto lo que sucedió, quiero decir, lo vi literalmente, como si estuviera viendo un programa de televisión”, reflexionó después, en entrevista con Fox News.
“Si hubieran visto la, la velocidad, la violencia… fue algo asombroso, un trabajo increíble el que hicieron estas personas. Nadie más podría haber hecho algo así”, añadió Trump.
Tenía mucho menos que decir sobre cómo sería que Estados Unidos “adminstraría” Venezuela, haciendo vagas alusiones a un “grupo” que gobernaría a los 31 millones de personas que viven allí. Y aunque parecía confiado en que la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, “haría lo que creemos necesario para hacer grande a Venezuela de nuevo”, Rodríguez salió dos horas después para insistir en que su país había sido “salvajemente atacado” por la operación.
Todo esto generó un panorama sorprendentemente incierto sobre lo que podría ocurrir después, a pesar de los meses de planeación que llevaron a Trump al sábado.
Consultado por CNN sobre si había tenido en cuenta el historial mixto de los esfuerzos estadounidenses para derrocar dictadores, el presidente se deslindó.
“Eso fue cuando teníamos diferentes presidentes. Pero conmigo eso no es cierto”, dijo. “Conmigo, hemos tenido un historial perfecto de victorias”.
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