Con una asombrosa rapidez, Nicolás Maduro fue capturado junto con su esposa, Cilia Flores y, con ello, derrocado.
No se puede decir que haya sido una sorpresa, claro, pero ya han pasado varias horas y muchos líderes del chavismo aún no lo han aceptado públicamente. Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello reconocieron la detención, pero afirman que Maduro es el único presidente. Puede que estén guardando las apariencias por un rato, pues es improbable que los regresen de Nueva York, donde enfrentan cargos penales.
Mientras tanto, en Venezuela no parece que se sepa con certeza qué va a pasar. Más allá de policías y (algunos) militares en la calle, se espera el próximo paso de las autoridades locales.
Ante esta situación, la incertidumbre reina en Venezuela. Ya Trump dijo que Washington gobernará Venezuela “hasta que pueda haber una transición”, sin aclarar ni cómo ni hasta cuándo. Todo eso, minimizando a María Corina Machado, la líder opositora ganadora este año del Premio Nobel de la Paz.
La Constitución de Venezuela establece que es Delcy Rodríguez, como vicepresidenta ejecutiva, quien debe asumir el poder y, además, Trump no descartó que trabajen con ella, sin mencionar en qué rol.
De todos modos, un improbable gobierno interino exclusivamente chavista terminaría pronto en un callejón sin salida: tendría que pasar por el Congreso (¿dónde están los diputados para eso, por cierto?) y luego convocar elecciones. Si se tardara mucho, el Gobierno debería asumirlo el presidente de la Asamblea Nacional, su hermano, Jorge Rodríguez. Y luego, lo mismo: convocar elecciones. Con lo sucedido en 2024, no parece que hayan tenido nunca ganas de seguir por esa vía si es que se preparaban para algo como lo que acaba de pasar.
Si hay un plan B que no pase por la Casa Blanca, todavía no hay señales.
Ya el secretario de Estado, Marco Rubio, habló con Rodríguez, dice Trump. ¿Está alguien hablando con los dirigentes oficialistas que quedan: Vladimir Padrino, Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez? ¿Se irán a Belarús, China, Cuba, Rusia, Turquía? ¿O se arriesgarán a un segundo operativo militar de EE.UU. para capturarlos también?
Varios analistas en otros países temen que un chavismo fuera del poder terminaría por desencadenar una “guerra de guerrillas” (como las de los años 60, pero con sus propios motivos) que haría imposible la gobernabilidad a corto plazo y desplomara aún más la economía del ciudadano común.
La realidad de este sábado es brutalmente distinta. Hora de leer “la doctrina Monroe del siglo XXI”. Después de todo, son más de 300.000 millones de barriles de petróleo en juego.
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