La intervención de Estados Unidos contra Venezuela y la captura de Nicolás Maduro trajo incertidumbre en la geopolítica mundial pero, hasta el momento, en términos económicos y sobre los precios globales del petróleo el efecto ha sido marginal, sostienen distintos analistas consultados por CNN. Sin embargo, el interrogante que se mantiene es qué impacto tendrá en la región el eventual aumento de la hoy depreciada producción petrolera venezolana, apalancada por Estados Unidos.
Más allá de Venezuela, “el resto de Latinoamérica tiene importancia relativa en el mundo: Brasil está produciendo unos 3 millones de barriles por día y, según el escenario de precios, puede llegar a producir hasta 4 millones de barriles por día a partir del desarrollo que está haciendo en el (reservorio) Presal (ubicado en el océano Atlántico, frente a la costa brasileña); Argentina está produciendo un promedio de 800 mil de barriles por día y, también dependiendo de la evolución de los precios, puede producir al final de la década 1.5 millones; Guyana es un desarrollo significativo y todo orientado a exportación, que superó los 900 mil barriles por día”, apunta Daniel Montamant, expresidente de la petrolera argentina YPF y exsecretario de Energía de Argentina.
“A nivel mundial se consumen en promedio unos 105 millones de barriles al día. Venezuela producía 3 millones de barriles por día cuando asumió Hugo Chavez (en 1999) y ahora está produciendo alrededor de 1 millón por día. Dependerá del éxito de la intervención americana en la recapitalización de la industria venezolana y el tiempo de recuperación de su producción, pero la producción de la región puede llegar a representar el 8 o 10 % de la oferta mundial”, explica Montamant. “Si le sumamos la producción de América del norte, EE.UU, Canadá y México, el conjunto representaría un 30 % de la oferta mundial. En un mundo de dominancia de la geopolítica, donde la seguridad energética está al tope de la agenda, esta masa crítica en un paradigma fósil todavía dominante otorga al continente una ventaja estratégica significativa”, agrega.
“Uno de los factores que impacta en la inflación norteamericana es el precio de la gasolina en Estados Unidos”, sostiene el analista de comercio internacional Ezequiel Vega. “Si Venezuela produce más petróleo y exporta a Estados Unidos los 30 o 50 millones de barriles de petróleo que Donald Trump prometió, lo que veríamos es un precio del barril de petróleo WTI cerca de los US$ 50 y del Brent más cerca de los US$ 55 dólares. Esto es positivo para Estados Unidos y para el consumidor norteamericano porque significaría una reducción de la inflación”, agrega.
Por otro lado, las acciones de las grandes petroleras, como Chevron y Conoco Phillips, “subieron más de un 12 % la semana pasada en el mercado”, apunta Vega . “El mercado se mueve por expectativas y ciertos inversores se inclinan por estas compañías norteamericanas, que pueden llegar a tener contratos a futuro en Venezuela. Pero todavía no hay nada concreto”, añade.
Sin embargo, y al menos por el momento, ese escenario parece lejano. El viernes, Trump intentó seducir a los principales ejecutivos petroleros con la promesa de una nueva y amplia campaña de exploración en Venezuela. Pero no consiguió ningún compromiso importante de las empresas.
“Es imposible invertir”, dijo el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, a los funcionarios en una evaluación directa de los obstáculos para hacer negocios en el país. “Hay varios marcos legales y comerciales que tendrían que establecerse incluso para entender qué tipo de rendimientos obtendríamos de la inversión”. En el mismo sentido se expresaron varios otros ejecutivos, que adviertieron que la industria primero necesitaría asegurar amplias garantías de seguridad y financieras antes de comenzar un esfuerzo de varios años para aumentar la producción petrolera.
“La irrupción de Venezuela como fuerte exportador es un dato a seguir por todo país productor de petróleo. Incluso Estados Unidos, hoy el principal productor de petróleo del mundo, porque el crudo no convencional que extrae requiere una sostenida inversión para mantener niveles productivos y es más sensible que el crudo convencional a la baja de precios”, sostiene Montamat.
Lo cierto es que “el crudo Brent se negociaba en torno a los US$ 60,8 la mañana del 5 de enero, el mismo nivel que tenía antes de la intervención militar estadounidense en Venezuela”, sostiene un análisis de la consultora Oxford Economics. Una semana después, la cotización ronda los US$ 62.
Aunque el país tiene las reservas probadas más grandes del mundo, el tipo de petróleo que se extrae en Venezuela es diferente al de otras latitudes del continente. Se trata de petróleo pesado, que tiene más azufre y que requiere de un tratamiento especial, diferente al convencional, producido por Brasil y Guyana, o al “shale” o no convencional, que representa gran parte de las producciones de Estados Unidos y Argentina.
“Yo no creo que afecte mucho a la competencia con Brasil o Argentina porque cada uno tiene un tipo de petróleo distinto, con un mercado mundial cada vez más demandante de petróleo, a pesar de que algunos países vayan hacia energías limpias”, sostiene Vega.
“Hay un mercado internacional petrolero con cotizaciones que contemplan las variedades de crudos”, acuerda Montamat, aunque advierte: “Cuando crece la oferta de crudo, de la variedad que sea, como sucedería en el caso de que Venezuela aumente su producción, si no hay nueva demanda que la absorba, todas las cotizaciones del crudo se resienten a la baja”.
Con el desarrollo del yacimiento no convencional de Vaca Muerta, Argentina ha aumentado su producción y exportación de petróleo y ya superó a Colombia. La gran esperanza nacional es que, en un futuro no muy lejano, aporte tantos dólares o más de los que hoy se cosechan gracias a la soja, la principal exportación argentina.
“Con un barril Brent de US$ 60, el desarrollo intensivo de Vaca Muerta va viento en popa”, sostiene Montamat.
Sin embargo, el escenario cambia si el precio internacional baja. “Vaca Muerta es operativa con un precio de barril por encima de los US$ 50. Por debajo, ya deja de ser atractiva la inversión”, señala Vega. Eso se relaciona con que allí es necesario emplear técnicas como la fracturación hidráulica (fracking) y la perforación horizontal, que elevan los costos de extracción.
“Si Venezuela termina sumando mayor oferta exportadora al mercado mundial e incide en una baja de los precios todavía con un barril de US$ 50, Vaca Muerta mantiene su desarrollo intensivo en la medida que la industria pueda ganar competitividad en costos (costos financieros, logísticos, de servicios)”, agrega Montamat.
Un hipotético escenario de baja de precio de petróleo forzaría a Argentina a concentrarse en la extracción de gas, presente en mayor proporción que el petróleo en ese yacimiento. “Vaca Muerta es 70 % gas y allì competimos con los precios a los que Estados Unidos puede desarrollar y comercializar su gas”, explica, aunque advierte: “Si los precios del gas natural licuado (GNL) bajan, el desarrollo intensivo puede ralentizarse dependiendo de la capacidad de cerrar contratos de suministro de largo plazo. En este sentido el acuerdo Mercosur-Unión Europea abre oportunidades en el mercado europeo”.
El país más grande de Sudamérica es hoy el principal productor de Latinoamérica y extrae crudo convencional. “Las perforaciones en alta mar son muy costosas, pero los rendimientos del Presal son muy significativos y Brasil va por más, tratando de explorar en la zona lindante a Guyana”, explica Montamat.
Pero otra vez aparece el factor del precio. “Por supuesto, con el petróleo por debajo de US$50, todas las compañías empiezan a revisar números y presupuestos. Pero creo que lo que discutimos en Brasil es el ritmo de crecimiento de la producción, no su parálisis o caída. Brasil es un actor importante en el mercado internacional de petróleo”, sostiene el especialista.
El destino de este pequeño país, lindero a Venezuela, cambió en 2015 cuando Exxon descubrió casi 11.000 millones de barriles de petróleo en las aguas profundas de su costa. En 2025 bombeaban alrededor de 650.000 barriles de petróleo al día, con planes de más que duplicar esta cifra a 1,3 millones para 2027 y tiene ahora el mayor crecimiento esperado de producción de petróleo del mundo hasta 2035.
“Guyana es un actor en el mercado mundial petrolero porque casi toda su producción es para exportación. Además, cuenta con la espalda financiera de Exxon para sostener crecientes niveles de inversión. Por supuesto, también su producción va a ser sensible si, como consecuencia de acontecimientos geopolíticos más allá de los fundamentales del mercado (oferta/demanda/inventario) se da una baja sostenida de precios”, finaliza Montamat.
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