Una Europa atónita finalmente despierta ante la amenaza de Trump sobre Groenlandia

No es frecuente que Europa hable con una sola voz, o que responda con tanta urgencia.

Pero el anuncio realizado el sábado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de sanciones contra varios países europeos que rechazan cualquier pretensión estadounidense sobre Groenlandia, un territorio danés, fue uno de esos momentos.

El domingo se celebrará en Bruselas una reunión de emergencia de embajadores de la Unión Europea (UE) en respuesta a la amenaza de Trump, la cual hizo después de que un estimado cuarto de la población de la capital de Groenlandia, Nuuk, se sumara a las protestas contra una posible anexión.

En todo el continente, entre aliados que normalmente responden con cautela a las declaraciones de la Casa Blanca, la reacción fue inmediata y enfática, y reconoció una amenaza existencial para la alianza transatlántica.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien ha intentado cultivar una buena relación personal con Trump, encabezó la respuesta, describiendo la amenaza de aranceles como “inaceptable”.

“Ninguna intimidación o amenaza nos influirá, ni en Ucrania, ni en Groenlandia, ni en ninguna otra parte del mundo cuando nos enfrentemos a tales situaciones”, dijo en X.

“Los europeos responderán de manera unida y coordinada en caso de confirmarse. Aseguraremos que se respete la soberanía europea”.

El primer ministro británico, Keir Starmer, intervino, diciendo en un comunicado que “aplicar aranceles a los aliados por buscar la seguridad colectiva de los aliados de la OTAN está completamente equivocado”.

Incluso la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, quien normalmente ha tenido relaciones positivas con el presidente estadounidense, describió la medida como un “error” en un video difundido durante una visita de Estado a Corea del Sur.

Revelando que ya había tenido una conversación telefónica con Trump y le había expresado su opinión sobre el asunto, Meloni dijo que “no está de acuerdo” con la idea de imponer aranceles contra los países que aportan a la seguridad de Groenlandia.

Trump, en una extensa publicación en redes sociales el sábado, dijo que Estados Unidos necesitaba la posesión de Groenlandia para contrarrestar las amenazas chinas y rusas en el Ártico y desarrollar lo que ha llamado la Cúpula Dorada para proteger a América del Norte de misiles balísticos.

Los expertos dicen que EE.UU. no necesita poseer Groenlandia para que la llamada cúpula sea efectiva, gracias a un acuerdo de 1951 que da a EE.UU. el derecho de construir instalaciones de defensa en la isla.

La Base Espacial Pituffik, que el vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, visitó el pasado marzo, se centra en la alarma de misiles, la vigilancia espacial, y misiones de control y mando satelital.

Políticos europeos señalaron que el unilateralismo de Trump sobre Groenlandia, y su trato a aliados de larga data, jugaba a favor de Moscú y Beijing.

“China y Rusia deben estar de fiesta. Son ellos quienes se benefician de las divisiones entre aliados”, dijo la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se pronunció en la misma línea. En una entrevista con el diario español La Vanguardia, dijo que cualquier acción militar de EE.UU. contra la vasta isla ártica de Dinamarca dañaría a la OTAN y alegraría al presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Haría de Putin “el hombre más feliz del mundo. ¿Por qué? Porque legitimaría su intento de invasión de Ucrania”, afirmó.

“Si Estados Unidos recurriera a la fuerza, sería la sentencia de muerte para la OTAN. Putin estaría doblemente feliz”, advirtió Sánchez.

“Las medidas anunciadas hoy contra los aliados de la OTAN no ayudarán a garantizar la seguridad en el Ártico”, dijo la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, en X. “Corren el riesgo de lo contrario, envalentonando a nuestros enemigos comunes y a quienes desean destruir nuestros valores compartidos y nuestro modo de vida”.

Ha habido muchas ocasiones, durante ambas administraciones de Trump, en las que los Gobiernos europeos se han quedado estupefactos ante la retórica de la Casa Blanca y luego han emprendido una cuidadosa labor para limitar los daños. Pero muchos europeos reconocen en la segunda administración de Trump un tono mucho más estridente, que comenzó cuando Vance reprendió a Europa calificándola de progresista, blanda en materia de inmigración y antidemocrática en un discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, en febrero del año pasado.

La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump en noviembre redobló el desprecio. “Está lejos de ser evidente si ciertos países europeos tendrán economías y Fuerzas Armadas lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables” dentro de dos décadas, decía.

El documento se burlaba de lo que llamaba la “grave perspectiva de borrado civilizacional” en Europa, alegando “censura de la libertad de expresión y represión de la oposición política, hundimiento de la tasa de natalidad y pérdida de identidades nacionales y autoconfianza”.

Y a principios de este mes, el vicsecretario general de la Casa Blanca, Stephen Miller, dijo a Jake Tapper, de CNN: “Vivimos en un mundo, en el mundo real… que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por el poder, que está gobernado por la potencia”.

“Para que Estados Unidos asegure la región ártica, proteja y defienda a la OTAN y los intereses de la OTAN, obviamente, Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos”, añadió Miller.

Básicamente, en esta Casa Blanca, una relación transatlántica fuerte ya no se considera fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos ni para su dominio del hemisferio occidental.

Pero palabras contundentes desde las capitales de Europa no son más que eso: El desafío es lograr una mayor autosuficiencia en defensa y seguridad, un proceso que lleva décadas y no meses.

Mientras tanto, algunos pueden recordar la exasperación del entonces primer ministro británico, Winston Churchill, respecto a la planificación del Día D, la operación que liberaría a Europa Occidental de la Alemania nazi.

“Solo hay una cosa peor que luchar con aliados, y es luchar sin ellos”, dijo Churchill después.

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