Un análisis sugiere que un fósil de hace millones de años pudo ser una forma de vida desconocida

Hace unos 400 millones de años, mucho antes de que evolucionaran los dinosaurios o incluso los árboles, un enigmático organismo se alzaba sobre el paisaje como un monolito prehistórico.

Ahora, una nueva investigación plantea que esta antigua forma de vida no es una planta, un animal ni un hongo, sino que podría tratarse de una forma completamente desconocida de vida multicelular.

“Lo que podemos decir, basándonos en todos estos nuevos análisis, es que es tan diferente de cualquier grupo moderno que conocemos”, dijo Corentin Loron, paleontólogo de la Universidad de Edimburgo y coautor principal del estudio, publicado el mes pasado en la revista Science Advances.

Identificados por primera vez hace 160 años, los fósiles —conocidos como Prototaxites— miden hasta 30 pies (unos 9 metros) de altura y durante mucho tiempo han desafiado una clasificación sencilla.

En el siglo XIX, los científicos pensaron inicialmente que Prototaxites era el tronco podrido de una conífera. Sin embargo, estudios posteriores revelaron que estaba compuesto por tubos entrelazados, en lugar de las células en bloques que conforman el tejido vegetal.

Otros científicos argumentaron que se trataba de una masa similar a un líquen, una asociación simbiótica entre un hongo y algas. En años recientes, algunos investigadores consideraron que el organismo se parecía más a un hongo, en parte porque no parecía producir energía mediante la fotosíntesis.

La nueva investigación se centró en tres fósiles de Prototaxites hallados en el Rhynie chert, un ecosistema terrestre prehistórico cerca de Aberdeen, en Escocia. El Rhynie chert alberga algunos de los ejemplos mejor preservados de las primeras plantas, hongos y fauna que colonizaron la tierra hace 400 millones de años, durante un periodo conocido como el Devónico temprano. El sitio fue en su momento una antigua fuente termal similar a Yellowstone.

La excepcional conservación de los fósiles incrustados en la roca del Rhynie chert permite a los científicos, con las herramientas adecuadas, detectar las firmas químicas de moléculas desaparecidas hace mucho tiempo, conocidas como productos de fosilización.

“Todavía podemos identificar firmas que nos informan sobre la composición original de esos fósiles, lo que significa que no están sobrecocinados ni excesivamente transformados por la geología”, explicó Loron.

El nuevo análisis de Loron y sus colegas sugiere que los biomarcadores en los fósiles de Prototaxites eran químicamente distintos de los de hongos fosilizados hallados en el sitio y preservados en condiciones similares. Los fósiles de hongos conservados en el chert contenían compuestos derivados de la descomposición de quitina y glucano, moléculas estructurales clave en los hongos. Prototaxites, sin embargo, carecía de estos biomarcadores.

“Si Prototaxites fuera un hongo, habríamos esperado que siguiera la misma tendencia que los hongos porque están uno al lado del otro bajo las mismas condiciones de enterramiento”, dijo Loron.

Otras características estructurales —como un patrón de ramificación complejo dentro de manchas esféricas oscuras en el fósil, que podrían haber servido para transportar gases, nutrientes o agua, o cumplir otra función de intercambio— también eran distintas de las de todos los hongos conocidos, ya sean actuales o extintos, señalaron los investigadores en el estudio. Con base en estos resultados, aún es demasiado pronto para encasillar a Prototaxites en una categoría específica, según el equipo.

Diferentes especies de Prototaxites pudieron haber variado en tamaño, pero las más grandes realmente se alzaban sobre el paisaje en una época en la que las plantas medían menos de 1 metro de altura, dijo Kevin Boyce, profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias en la Universidad de Stanford. Sus estudios sobre fósiles de Prototaxites han demostrado que estos antiguos organismos no utilizaban la fotosíntesis para producir energía a partir de la luz, como las plantas, sino que probablemente consumían fuentes de carbono del entorno, al igual que algunos hongos actuales que se alimentan de materia orgánica en descomposición.

“La gente lo ha comparado con hongos o algas específicas en el pasado, y estaban haciendo lo mejor que podían con la información que tenían en ese momento, pero ahora tenemos una comprensión mucho más clara del árbol de la vida en su conjunto y Prototaxites es demasiado antiguo para que esas comparaciones sean válidas”, dijo Boyce, quien no participó en el estudio, en un correo electrónico.

“Se puede comparar con los hongos tipo seta, pero las setas simplemente no son tan antiguas”, agregó. “Eso no significa que Prototaxites sea o no un hongo (o cualquier otra cosa), solo que su forma habría evolucionado de manera independiente de las setas y de otros ejemplos complejos de vida multicelular entre los hongos que conocemos hoy”.

Marc-André Selosse, profesor del Museo de Historia Natural de París, dijo que los autores del nuevo estudio realizaron “análisis maravillosos”, pero señaló que la investigación examinó solo una de las 25 especies conocidas de Prototaxites. Selosse, quien tampoco participó en el trabajo, dijo que aún considera posible que el organismo funcionara de manera similar a un líquen.

“El muestreo no abarca la diversidad de especies de Prototaxites”, dijo Selosse. “Así que para mí no es una historia cerrada”.

Loron dijo que todavía hay mucho que se desconoce sobre Prototaxites. Por ejemplo, no está claro cómo estos organismos se anclaban al suelo o si el organismo, que se cree que crecía lentamente, permanecía erguido durante toda su vida. Su equipo planea estudios de seguimiento sobre organismos tubulares fosilizados similares a Prototaxites para profundizar la investigación.

“A veces da miedo no saber qué es algo, pero también es científicamente emocionante”, dijo Loron.

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