Se deslizo en la pista de una manera abrumadoramente maravillosa. Empoderado, dueño total de la situación, se permitió en los segundos finales saludar al público que lo aclamaba desde las gradas. Y es que Johannes Klaebo inmortalizó su nombre en la eternidad el último domingo en los Alpes italianos.
Ganar el oro en la prueba de relevos por equipo de 4×7,5 kilómetros en la versión masculina fue la ratificación de que su maestría en la pista es colosal.
El atleta de 29 años está en la cima de su carrera. Sin embargo, administra con templanza este resonante éxito, no alardea y se permite absorber la rebosante adrenalina que significa el momento de gloria: “Me gusta como suena. Es un título muy bonito”, manifestó Klaebo luego de la competencia.
Este momento cumbre en lo personal para Klaebo también tiene su resonancia en la historia del olimpismo invernal y en la de su propio país. Con el del domingo, el atleta llegó a su noveno oro en la historia, superando a sus compatriotas Bjorn Dahelie, Marit Bjorgen y Ole Einar Bjorndalen, con quienes estaba empatado en ocho desde el viernes, cuando ganó la presea dorada en los 10 km estilo libre.
“Es especial hacer esto junto con este grupo. En Noruega, ganar el relevo es lo que realmente importa, y hoy todos lo hemos dado todo”, dijo el atleta.
La magnitud de lo que significa para Noruega quedó registrada, no solo en la gran cantidad de aficionados que llegaron a Italia para vivenciar esta prueba, sino porque también allí se encontraba el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre.
“Con el esfuerzo del equipo de hoy, Klaebo se convierte en el atleta olímpico de invierno de todos los tiempos”, posteó Støre en las redes sociales.
En gran parte del mundo, los niños sueñan con tener un balón para jugar al fútbol. Noruega no es la excepción. Allí también el fútbol es pasión, pero, no obstante, los jóvenes también sueñan con el esquí. Esto es lo que le pasó a Johannes Klaebo, quien confesó a la página oficial de estos Juegos Olímpicos en Milano-Cortina que a los dos años recibió de su abuelo un par de esquís como regalo de Navidad.
Según narra en el portal, Johannes esquiaba en el salón de su casa todo el día.
Ganó su primer Globo de Cristal (en el sprint) al final de la temporada 2016-2017, siendo su primer suceso en el circuito de la Copa Mundo, y para la 2017-2018 ya era un héroe olímpico en desarrollo en el cross country. Johannes ganó tres medallas de oro en PyeongChang 2018, empatado con el biatleta francés Martin Fourcade como el máximo ganador de primeros puestos en los juegos.
Se transformó, además, en el campeón olímpico más joven en su disciplina, y para el final de esa temporada ya era el ganador más joven del Globo de Cristal de la FIS (Federación Internacional de Esquí y Snowboard).
Su fascinante logro del domingo fue tal, que los propios aficionados suecos (históricos rivales) se sumaron también a la fiesta. Sus aplausos, risas compartidas y felicitaciones fueron una cabal demostración del reconocimiento para Noruega y su poder de fuego en los Alpes italianos. Y en ello, el nombre de Johannes Klaebo tiene una relevancia sustancial.
Klaebo, que también cosechó dos oros en Beijing 2022 y que fue campeón del mundo en 15 ocasiones, agigantó aún más su leyenda este miércoles, cuando sumó su décimo oro en la prueba de sprint por equipos, junto a Einar Hedegart.
Parafraseando el poema de Antonio Machado, “caminante, no hay camino, se hace oro al andar”, parece decirse el nuevo rey de los Juegos Olímpicos de Invierno.
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