Herido pero aún peligroso: cómo podría responder Irán si Trump ataca

Durante casi medio siglo, Irán se ha preparado para una guerra con Estados Unidos. Incapaz de igualar el poder militar estadounidense, Teherán se ha centrado en buscar formas de imponer altos costos que podrían sacudir a Medio Oriente y la economía global.

Incluso mientras continúan las negociaciones con Irán, las fuerzas armadas de Estados Unidos siguen adelante con un importante despliegue de activos aéreos y navales en Medio Oriente. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insinuó un cambio de régimen y advirtió de que podría atacar a Irán, avivando temores de una guerra más amplia.

A pesar de haber sido debilitado significativamente por ataques israelíes y estadounidenses el verano pasado y por el creciente descontento interno en los últimos tiempos, el régimen iraní aún conserva una variedad de opciones para tomar represalias, según expertos, desde atacar intereses estadounidenses e Israel hasta movilizar grupos aliados y buscar una disrupción económica que podría desencadenar un caos global.

La forma en que Teherán decida usar las herramientas a su disposición dependerá del nivel de amenaza que perciba.

“El régimen tiene muchas capacidades que puede usar si ve esto como una guerra existencial”, dijo Farzin Nadimi, investigador principal del Washington Institute especializado en asuntos de seguridad y defensa de Irán. “Si lo ven como una guerra final, podrían usar todo lo que tienen”.

Estas son las opciones que tiene Irán en caso de un ataque en su contra:

Se cree que Irán posee miles de misiles y drones al alcance de las tropas estadounidenses desplegadas en varios países de Medio Oriente y ha amenazado con atacarlas, así como a Israel.

En junio de 2025, después de que Israel lanzara un ataque sorpresa contra Irán, la República Islámica respondió disparando oleada tras oleada de misiles balísticos y drones contra Israel, que lograron causar daños al evadir las sofisticadas defensas aéreas israelíes.

Funcionarios iraníes dicen que gran parte de los arsenales utilizados en esa guerra ya han sido reabastecidos, y funcionarios estadounidenses creen que estas armas probadas en combate, así como aviones de combate rusos y estadounidenses antiguos, siguen representando una amenaza.

El dron suicida Shahed de Irán, por ejemplo, ha demostrado ser una herramienta destructiva en la guerra de Rusia en Ucrania. El régimen iraní también ha desarrollado, probado o desplegado más de 20 tipos de misiles balísticos, incluidos sistemas de corto, medio y largo alcance capaces de amenazar objetivos tan lejanos como el sur de Europa.

“Tenemos entre 30.000 y 40.000 soldados estadounidenses desplegados en ocho o nueve instalaciones en esa región”, dijo el mes pasado el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio. “Todos están al alcance de miles de UAVs (drones) iraníes unidireccionales y misiles balísticos iraníes (de corto alcance) que amenazan nuestra presencia militar”.

Dos funcionarios estadounidenses dijeron a CNN que las capacidades militares de Teherán, aunque sean mucho menores en número y más antiguas que los sistemas modernos de EE.UU., hacen que un ataque estadounidense decisivo contra el país sea mucho más difícil.

Teherán ha advertido repetidamente de que tomaría represalias contra los aliados de EE.UU. en la región si es atacado. Cuando bombarderos estadounidenses atacaron instalaciones nucleares iraníes en el verano, Irán lanzó un ataque con misiles sin precedentes en Qatar, dirigido a la base aérea de al-Udeid, la mayor instalación militar estadounidense en Medio Oriente.

En los últimos dos años, Israel ha golpeado la red regional de aliados de Irán, reduciendo significativamente la capacidad del régimen para proyectar poder más allá de sus fronteras.

Aun así, estos aliados han prometido defender a la República Islámica. Grupos iraquíes como Kataeb Hezbollah y Harakat al-Nujaba —milicias que han atacado a fuerzas estadounidenses en el pasado—, así como Hezbollah en Líbano, han declarado que acudirán en ayuda de Irán si es atacado.

El mes pasado, Abu Hussein al-Hamidawi, comandante de Kataeb Hezbollah, llamó a los leales a Irán “en todo el mundo… a prepararse para una guerra total en apoyo de la República Islámica”.

A pesar de las amenazas, los aliados de Irán enfrentan limitaciones. En Líbano, el otrora formidable Hezbollah ha sido debilitado significativamente tras 13 meses de conflicto con Israel y ahora enfrenta una campaña interna de desarme. En Iraq, las milicias respaldadas por Irán son poderosas, pero también enfrentan obstáculos por parte de un Gobierno central que está bajo creciente presión de Estados Unidos para frenar la influencia iraní.

El grupo hutí en Yemen ha sido atacado tanto por Israel como por Estados Unidos, pero sigue siendo uno de los aliados más destructivos de Irán y también ha indicado que defenderá a su patrocinador. A finales de enero, los hutíes publicaron un video mostrando imágenes de un barco envuelto en llamas, acompañado de la simple leyenda: “Pronto”.

Con el apoyo iraní en los últimos años, el grupo ha atacado Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Israel, así como barcos estadounidenses en el mar Rojo.

Irán ha advertido repetidamente de que una guerra en su contra no se limitaría a Medio Oriente, sino que enviaría ondas de choque por todo el mundo. Aunque militarmente está en desventaja, Teherán tiene influencia gracias a su capacidad para interrumpir los mercados energéticos y el comercio global desde una de las regiones más estratégicamente sensibles del mundo.

Irán, uno de los mayores productores de energía del mundo, se encuentra en el estrecho de Ormuz, un paso angosto por el que fluye más de una quinta parte del petróleo mundial y una gran parte del gas natural licuado. El régimen ha amenazado con cerrarlo si es atacado, una posibilidad que, según expertos, podría disparar los precios del combustible mucho más allá de las fronteras de Irán y desencadenar una recesión económica global.

Los expertos dicen que atacar la economía global a través del estrecho puede ser una de las opciones más efectivas de Irán. También es la más peligrosa debido a su impacto generalizado.

Un cierre prolongado del estrecho representaría un “escenario peligroso”, dijo Umud Shokri, estratega energético con sede en Washington y académico visitante en la Universidad George Mason. “Incluso las interrupciones parciales podrían provocar fuertes aumentos de precios, interrumpir las cadenas de suministro y amplificar la inflación en todo el mundo. En tal escenario, una recesión global sería un riesgo realista”.

Tal medida probablemente sería el último recurso para Irán, ya que también interrumpiría gravemente su propio comercio y el de los estados árabes vecinos, muchos de los cuales han presionado a Trump para que no ataque a Irán y han prometido no permitir que Washington use su territorio para un asalto contra Irán.

Irán dice tener bases navales subterráneas a lo largo de la costa del país, con decenas de lanchas rápidas listas para desplegarse en las aguas del golfo Pérsico. Las fuerza armadas han pasado tres décadas construyendo su propia flota de barcos y submarinos, aumentando la producción en los últimos años en previsión de un posible enfrentamiento naval.

El vicealmirante retirado Robert Harward, ex SEAL de la Marina de EE.UU. y subcomandante del Comando Central de EE.UU., dijo que las capacidades navales iraníes y sus aliados representan un desafío para la navegación en el estrecho de Ormuz que “puede abordarse muy rápidamente”. Pero herramientas “asimétricas” como minas, drones y otras tácticas podrían resultar problemáticas para el transporte marítimo y el flujo de petróleo, señaló.

La capacidad de Irán para interrumpir el transporte marítimo global y sacudir la economía mundial tiene precedentes históricos.

Hacia el final de una prolongada guerra con Iraq en la década de 1980, Irán colocó minas marinas en el golfo Pérsico, incluso cerca del estrecho, una de las cuales casi hunde al USS Samuel B. Roberts en 1988 mientras escoltaba petroleros kuwaitíes durante lo que se conoció como la “Guerra de los petroleros”.

En 2019, varios petroleros fueron atacados en el golfo de Omán durante una escalada de tensiones entre Irán y las naciones árabes del golfo tras la retirada de Trump del acuerdo nuclear con Irán. Se cree ampliamente que Irán fue responsable.

Más recientemente, durante la guerra entre Israel y Hamas, los hutíes interrumpieron el transporte comercial en el estrecho de Bab al-Mandab, en el mar Rojo, por donde pasa alrededor del 10 % del comercio marítimo mundial. Junto con la capacidad de Irán para amenazar el tráfico a través del estrecho de Ormuz, Teherán tiene un poder desproporcionado para infligir dolor económico global.

“La próxima guerra podría no comenzar en el centro de Teherán, sino en el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico”, dijo Nadimi, del Washington Institute.

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