México lleva décadas en lucha contra los carteles, que año a año le presentaron desafíos cambiantes y crecientes.
El regreso de Donald Trump a la presidencia de EE.UU., en 2025, le sumó un reto más esa lucha del Gobierno mexicano: ir tras los capos que manejan los carteles.
La misión nunca fue sencilla, pero hoy parece incluso más complejo que nunca: en los últimos años, los grandes carteles se fragmentaron y la tradicional estructura jerárquica se desarmó; el poder ahora se dividen diversas células.
Hay numerosas agrupaciones criminales basadas en México y la mayoría figura en la lista de organizaciones designadas como terroristas por EE.UU.. Pero dos de ellas son las que más se destacan.
Una es el cartel Jalisco Nueva Generación, cuyo líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias el Mencho, murió este domingo. Surgió en 2009, luego de la fragmentación del cartel del Milenio. Se trata de una de las agrupaciones criminales más grandes, violentas y de mayor crecimiento en la región.
Si bien el principal negocio de esta organización es el tráfico de drogas, sobre todo de metanfetamina y cocaína, en los últimos años han ampliado el negocio criminal hacia el tráfico de armas, la extorsión, el secuestro y el lavado de dinero.
Según un informe de organización civil Global Initiative against Organized Crime (GI-TOC), el CJNG tiene presencia en al menos 27 estados mexicanos, fundamentalmente en Jalisco, Nayarit, Colima, Veracruz y Guanajuato. Pero sus ramificaciones se extienden más allá de las fronteras de México: se ha detectado su presencia en Estados Unidos, Colombia, Perú y también en Europa y Asia.
La otra agrupación destacada es el cartel de Sinaloa, la organización criminal más grande y poderosa de la región. Su negocio principal es el tráfico de drogas, principalmente fentanilo, metanfetamina, cocaína, marihuana y heroína, que tienen como destino en su mayor parte Estados Unidos. Desde el arresto de Ismael “El Mayo” Zambada en EE.UU., en 2024, este grupo vive una fuerte guerra interna entre dos facciones: los Chapitos y los Mayiza.
Según el sitio especializado Insight Crime, el cartel de Sinaloa “no tiene un solo líder ni una estructura jerárquica”, sino que se compone por células que cooperan entre sí, a la vez que subcontratan grupos locales para sus operaciones fuera de México.
La operación de la agrupación tiene su base en Sinaloa, aunque también hay presencia en Chihuahua y Durango.
Insight crime detalla que el cartel de Sinaloa también cuenta con células en los estados de Sonora, Baja California, Nayarit, Jalisco y Chiapas.
En cuanto a su operación internacional, además del tráfico hacia Estados Unidos, cuentan con proveedores en Colombia, Venezuela y Ecuador, así como también en China e India.
Según Insight Crime, muchos de los grandes cárteles han perdido protagonismo en el mundo criminal tras el asesinato o arresto de sus líderes. El informe menciona como ejemplos el cartel del Golfo, la Organización Beltrán Leyva, los Zetas, la Familia Michoacana, el Cártel de Juárez, el cartel de Tijuana y los Caballeros Templarios.
“En el noreste del país, operan varios grupos que se escindieron de los Zetas y del cartel del Golfo. Algunos de los más prominentes son el cartel del Noreste, los Metros y los Escorpiones, que supervisan, además del tráfico transfronterizo, diversas actividades depredadoras como la extorsión, el secuestro de migrantes, la trata de personas, el contrabando, el tráfico de armas y el tráfico de personas”, dice el informe de Insight crime. Además, destaca la presencia de células independientes diseminadas por todo México, dedicadas al robo de combustible o el narcotráfico.
El cartel del Noreste
Se trata de una red de células criminales dedicadas fundamentalmente al tráfico de fentanilo y cocaína, con Estados Unidos como uno de sus mercados principales. Tiene una fuerte presencia en los estados mexicanos de Nueva León, Zacatecas y Tamaulipas.
Según un informe de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), el CDN también “está involucrado en operaciones de tráfico de personas a gran escala hacia Estados Unidos, secuestrando o explotando a migrantes para extorsión o trabajo forzado”.
La Familia Michoacana
La Familia Michoacana (LFM) se dedica al tráfico de fentanilo, metanfetaminas, cocaína y heroína. Su principal área de influencia es en los estados de Guerrero, Morelos, Michoacán y el estado de México. Según la DEA, funciona como un conglomerado de varias facciones poderosas y “controla el Puerto de Lázaro Cárdenas, uno de los puertos marítimos más grandes de México y clave para la importación de precursores químicos desde China”.
Dentro de LFM hay dos facciones fuertes: La Nueva Familia Michoacana y Los carteles Unidos.
El cartel del Golfo
Con base en el estado de Tamaulipas, el cartel del Golfo se dedica al tráfico de drogas, fundamentalmente hacia Estados Unidos. Sin embargo, es otra de las agrupaciones criminales que no opera como una estructura unificada, sino dividida en varias facciones.
De estas divisiones, dos de las más poderosas que disputan entre sí son Los Metros y Los Escorpiones. Según la DEA, la facción Los Metros “está alineada con el CJNG para protegerse de Los Mayos, el CDN y otras facciones del CDG”.
“La facción Los Escorpiones actualmente está luchando contra el CDN y otras facciones del CDG por el control del área de Reynosa, Tamaulipas, mientras que una tercera facción, menos prominente, Los Ciclones, recientemente ha empezado a luchar contra el CDN y Los Metros”, detalle el informe del organismo estadounidense.
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