El presidente Donald Trump hizo una apasionada defensa de la economía estadounidense durante su discurso sobre el Estado de la Unión este martes por la noche.
“La inflación se desploma, los ingresos aumentan rápidamente. La economía, en pleno auge, avanza como nunca antes”, manifestó.
Hipérboles aparte, tiene razón: la economía estadounidense es sólida. Pero Trump no entiende la cuestión.
La asequibilidad, no la fortaleza económica, impulsa a los votantes a las urnas.
A la mayoría de los estadounidenses les da igual el PIB, el IPC, el PCE o cualquier otro acrónimo o dato que muestre que la economía va por buen camino.
Les preocupa la seguridad laboral y esos temores financieros que les quitan el sueño: cómo pagar la comida, la vivienda, la atención médica, las cuotas del automóvil, la universidad y la guardería, todo lo cual cada vez es más caro.
Trump sugirió que aún queda trabajo por hacer para que Estados Unidos vuelva a ser asequible y describió algunas políticas nuevas para abordar las preocupaciones financieras de los estadounidenses.
Pero el mensaje de Trump se centró principalmente en el excepcionalismo estadounidense, sus logros económicos, la baja inflación y la robusta inversión extranjera. Culpó a su predecesor de arruinar la economía y elogió la labor de su administración para rescatarla.
“Heredé una economía que estaba al borde del colapso. Ahora nuestra economía es, literalmente, la envidia del mundo”.
Pero hay un problema con esa estrategia.
¿Pruebas? Esa última cita no fue del discurso del martes. Fue del Estado de la Unión de 2024, pronunciado por el expresidente Joe Biden, quien perdió las elecciones ocho meses después.
El mensaje de Trump, al menos en teoría, es en gran medida correcto.
El empleo, el crecimiento salarial, el gasto del consumidor y la inflación bajo el Gobierno de Trump lucen bastante decentes o se han mantenido prácticamente estables. El mercado bursátil está cerca de un máximo histórico.
El PIB estadounidense creció un 2,2 % en 2025, en línea con los tres últimos años de sólido crecimiento económico. La economía se desaceleró más de lo previsto a finales de año, pero el cierre gubernamental más prolongado de la historia frenó el crecimiento que debería recuperarse este trimestre.
El año pasado no fue un gran año para el mercado laboral, ni mucho menos. Sin embargo, el desempleo se mantiene bajo, y una contratación más fuerte de lo esperado en enero sugiere que 2026 podría ser mucho mejor para la creación de empleo.
La inflación parece estar nuevamente en descenso después de un recorrido accidentado en 2025, y el crecimiento de los salarios ha superado la inflación durante casi tres años, lo que ha ayudado a los estadounidenses a estirar aún más sus dólares.
Los estadounidenses más ricos se están beneficiando financieramente de las tendencias económicas positivas, mientras que los hogares con menores ingresos se encuentran cada vez más rezagados.
Esta tendencia en forma de K no es nueva, pero la brecha entre ricos y pobres se ha ampliado en los últimos años, sobre todo porque el mercado inmobiliario permanece prácticamente congelado.
Quienes poseen vivienda, en particular quienes refinanciaron con tasas históricamente bajas durante la pandemia, se encuentran, en general, en mejor situación que quienes intentan, y en su mayoría fracasan, encontrar un lugar asequible para vivir hoy en día.
El aumento de los precios de los productos básicos también ha afectado. Y la reducción de los servicios sociales no ha ayudado.
Esto ha llevado a los más vulnerables a tomar decisiones difíciles. La morosidad va en aumento y un número cada vez mayor de estadounidenses tienen más de tres meses de retraso en el pago de sus préstamos.
El martes, Trump culpó a los demócratas por la crisis inflacionaria que disparó los precios más de un 20 % durante el mandato de Biden, un shock al que los estadounidenses aún se están adaptando.
Pero Trump también defendió sus propios aranceles, que aumentaron en US$ 1.000 el gasto fiscal para el hogar estadounidense promedio el año pasado, según la Fundación Fiscal, de tendencia conservadora.
Tras un fallo de la Corte Suprema la semana pasada que declaró ilegales la mayor parte de los aranceles de Trump, Trump criticó duramente dicha decisión e inmediatamente anunció autoridades alternativas para volver a imponer gravámenes elevados.
Si bien los aranceles no han disparado los precios como muchos temían, siguen siendo una de las políticas menos populares de Trump y representan una vulnerabilidad política para los republicanos de cara a las elecciones intermedias de este año.
Después de un torbellino de propuestas de asequibilidad para comenzar 2026, Trump reveló algunas más el martes por la noche, incluido un plan de jubilación para estadounidenses sin acceso a un 401(k) y requisitos para que las empresas tecnológicas ayuden a sufragar el aumento del costo de la electricidad causado por la creciente demanda de los centros de datos de IA.
Trump también destacó las políticas que ya ha promulgado, incluidos recortes de impuestos, Cuentas Trump para bebés y una serie de esfuerzos para reducir los precios de los medicamentos recetados para muchos pacientes.
Es una estrategia que hasta ahora no ha dado los resultados esperados: las iniciativas de asequibilidad han recibido críticas mixtas y tardarán en aplicarse en la economía. Y Trump no se está apegando al guion.
El discurso del Estado de la Unión del presidente se produce en medio de una especie de gira económica para recalcar el mensaje que su equipo quiere que transmita: que la economía se encuentra sólida gracias a las acciones de su administración.
Sin embargo, el mensaje en ocasiones se ha perdido, ya que Trump se desvía del guion para centrarse en otros temas que parece favorecer, como la aplicación de la ley inmigratoria y las acusaciones infundadas de fraude electoral.
No ha ayudado que Trump haya calificado la asequibilidad de “engaño” y de una batalla que ha ganado.
Mientras tanto, su postura entusiasta sobre la economía y el comercio está cayendo en saco roto y corre el riesgo de hacerlo parecer desconectado de la realidad antes de unas elecciones cruciales.
“Estados Unidos está en auge. Tenemos la mejor economía del mundo. Y desde que asumí el cargo, nuestro PIB ha aumentado, nuestro déficit comercial con China ha alcanzado su nivel más bajo en más de una década y nos enfrentamos a las prácticas económicas injustas de China”.
Ups, ese era Biden otra vez en 2024.
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