Trump se potencia en el conflicto, pero a sus seguidores eso ya no los atrae tanto

El poder del presidente Donald Trump emana del conflicto. Eso quedó en evidencia en su discurso del Estado de la Unión. En su realidad, gracias a él Estados Unidos entra en un era dorada y cualquier problema o inconveniente es culpa de los demás, no suya.

Hakeem Jeffries, congresista demócrata por Nueva York y líder de la minoría demócrata en la Cámara, le había dado dos opciones a su bancada, asistir y permanecer en silencio o no acudir al Capitolio para el discurso. De la satisfacción evidente en sus rostro al entrar al recinto en medio de aplausos, Trump pasó a la irritación por la decisión de los demócratas de no aplaudirlo o ponerse de pie como lo hacían los republicanos.

“Están locos, está gente está loca”, repetía Trump con frecuencia. La congresista de origen somalí Ilhan Omar, quien representa a Minnesota, y su colega Rashida Tlaib de origen palestino, no acataron el pedido y le gritaron a Trump que mataba estadounidenses – por los incidentes en Minnesota – mientras el mandatario culpaba a los demócratas de facilitar el ingreso de inmigrantes indocumentados.

Trump reiteró sus ataques contra las legisladoras después del discurso en su red social : “Cuando ves a personas de bajo coeficiente intelectual como Ilhan Omar y Rashida Tlaib, mientras gritaban incontrolablemente anoche en el elegante State of the Union, un evento tan importante y hermoso, tenían los ojos desorbitados y enrojecidos de gente loca, LUNÁTICAS, mentalmente trastornadas y enfermas que, francamente, parece que deberían ser institucionalizadas”. Trump fue más allá, reiteró que ellas, ciudadanas estadounidenses, deberían ser devueltas “al lugar de donde vinieron” y ser puestas en un bote con el desquiciado contra Trump” actor Robert DeNiro.

Trump no disimuló su irritación con los demócratas que no lo ovacionaban, ni se ponían de pie con la frecuencia que lo hacían los republicanos, algo que ya ha ocurrido en otros discursos. Funcionarios como el vicesecretario de la presidencia Stephen Miller y la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, publicaron mensajes en sus cuentas de X con un ataque coordinado contra los demócratas por permanecer sentados durante el extenso discurso de Trump, que parece haber agotado su repertorio.

Es claro: Trump no quiere convencer a la oposición sino motivar a sus seguidores, pero parece estar perdiendo la capacidad cautivarlos. Un sondeo por CNN entre quienes vieron el discurso, de mayoría republicana, registró apenas un 38 % entre quienes lo consideraron como un mensaje muy positivo, contrasta como su primer discurso del Estado de la Unión en 2018 que un 48 % consideró como muy positivo.

El mantra de la campaña de Bill Clinton en 1992 para responder a la preocupación de los estadounidense sobre el estado de sus finanzas personales fue simple: “Es la economía, estúpido”. De hecho, una encuesta de CNN previa al discurso reveló que el 57 % de los consultados quería que Trump se centrara en la economía. El presidente, sin embargo, aseguró que todo va de maravilla, que el país está en un renacer y que se vienen años. Dijo que las dudas sobre a asequibilidad -la capacidad de los consumidores de solventar sus necesidades- es un invento de los demócratas, pero las cifras oficiales muestran un escenario diferente.

En campaña Trump prometió que en el primer año de su presidencia los precios de la energía, como la electricidad, se reducirían en un 50 %. Eso no ocurrió.

En el discurso fustigó a la Corte Suprema por anular sus aranceles, que, según insistió de manera equivocada, son pagados por los gobiernos extranjeros. No los son, los pagan los importadores. De acuerdo con un reciente estudio de la Reserva Federal de Nueva York, los consumidores estadounidenses asumen el 90 % de los aranceles que por 134 mil millones de dólares recaudó Trump en 2025, fondos que ahora están en un limbo por las demandas de las empresas que los pagaron y que exigen su devolución, tras ser anulados por el Tribunal Supremo.

Otro de los ejes del discurso de Trump es una de sus obsesiones, asumir control del proceso electoral. La Constitución política delega los comicios en los Estados, por lo que hay 50 sistemas diferentes. Además le da al Congreso un papel de supervisión para garantizar que las elecciones sean justas y uniformes, pero no le da rol alguno al presidente.

Trump insiste en que este año, con o sin el Congreso, implementará cambios. Repite, sin presentar evidencia alguna, que ganó las elecciones que perdió frente a Joe Biden en 2020 y que, por eso, el sistema debe ser modificado.

Eso explica la respuesta del partido Demócrata en español al discurso de Trump. El senador por California Alex Padilla reiteró la importancia de que los hispanos se registren para votar y acudan a las urnas para las elecciones intermedias de noviembre en las que se elige la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado. El Presidente le ha advertido a su partido que si los demócratas recuperan las mayorías del Congreso lo someterán de nuevo a juicio político, lo que explica sus maniobras para prevalecer en unos comicios que tradicionalmente favorecen a la oposición

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