Leonel Soto es conserje en un edificio de departamentos en un barrio residencial al noroeste de Guayaquil. Todas las mañanas sale de su casa y recorre velozmente en moto varias cuadras en una de las zonas más peligrosas de la ciudad antes de tomar una vía rápida. Es un trayecto de apenas 15 minutos hasta su lugar de trabajo, pero “obviamente de aquí del barrio tengo que salir con mucho cuidado”, dice.
Este lunes 16 de febrero ese camino resultó un poco menos tenso que otros días. “Los ladrones que frecuentan las esquinas de mi barrio literalmente desaparecieron, así es que me siento un poco más seguro,” explicó Soto refiriéndose al toque de queda que el Gobierno instauró desde este domingo en cuatro provincias golpeadas por bandas delictivas. Las operaciones durante los días de toque de queda contarán con apoyo tecnológico y asesoría del Gobierno de Estados Unidos, como parte de un plan de lucha contra la criminalidad en el Ecuador.
El presidente Daniel Noboa dispuso la activación de la medida por 15 días desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana, combinada con patrullaje de policías y militares, en las provincias del Guayas, El Oro, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas. En conjunto, estas cuatro provincias concentran algo más de la tercera parte de la población del país.
“La verdad es que sí me he sentido más seguro dado que yo vivo en un sector bien caliente de Guayaquil,” dijo Soto, quien habita desde hace dos años y medio en “La entrada de la Ocho”, donde confluyen varios barrios con alta criminalidad.
Durante el fin de semana se movilizaron las fuerzas del orden a varios puntos estratégicos de estas provincias mientras helicópteros militares realizaron vuelos de observación. “Tenemos que trabajar incansablemente por la seguridad de los ecuatorianos. Tenemos que recorrer no solamente las cuatro provincias sino el país completo,” explicó el ministro del Interior John Reimberg, quien coordina la operación junto con su colega del Ministerio de Defensa.
El Gobierno de Noboa dispuso que militares y policías trabajen de manera planificada bajo un frente común denominado “Bloque de Seguridad” para intentar frenar el avance de grupos delictivos vinculados con carteles de la droga. En 2025, las autoridades registraron algo más de 9.000 muertes violentas, lo que constituye un récord para el país.
“Hay un compromiso de parte de los 45.000 miembros de las Fuerzas Armadas y de los 56.000 miembros de la Policía Nacional de atacar a estos grupos y por supuesto que lo vamos a hacer”, señaló Reimberg a periodistas. “Hay operaciones para las cuatro provincias. Todas las operaciones están para ser trabajadas en estos 15 días”, agregó.
El ministro Reimberg hizo declaraciones a los medios desde Machala, capital de la provincia fronteriza de El Oro, donde se reunió el Bloque de Seguridad con el presidente Noboa a la cabeza. La oficina de prensa de la Presidencia difundió imágenes de Noboa en una sesión de trabajo con varios oficiales policiales y militares de alto rango, Reimberg y el ministro de defensa Gian Carlo Loffredo.
Señaló, además, que en las primeras 24 horas de la medida 253 personas habían sido detenidas por violar el toque de queda que va desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana.
El Oro ha sido tradicionalmente una provincia conocida por su inmensa producción de banano, en un país que ostenta el título de mayor exportador mundial de esta fruta. Por eso Machala construyó un puerto en la década del 40, pero ocho décadas después esos buques de carga no solo transportan banano ecuatoriano sino también cocaína peruana, que cruza por la frontera a pocos kilómetros.
La cercanía del Puerto Bolívar con el segundo mayor productor de cocaína del planeta ha transformado, para mal, la vida de los habitantes de El Oro. La ingeniera Gisela Sánchez, quien vive en la vecina población de Santa Rosa, no es muy optimista sobre la medida adoptada por el Gobierno. “Es una sensación amarga porque, desde mi perspectiva, solo es una solución temporal y por unas cuantas horas. Podemos sentir tranquilidad en la madrugada, pero a esta gente (los miembros de las bandas delictivas) no hay cómo darles tregua”, se lamentó esta residente de la zona.
“Por el bien de toda la gente noble, de la gente que trabaja y se gana la vida honradamente y por todos los que esperamos días mejores para el Ecuador, solo espero que el plan funcione, que el despliegue militar se mantenga no solo por unas cuantas horas al día”, dijo Sánchez, cuya población queda unos 20 kilómetros al sur de Machala y más cerca de la frontera con Perú.
El Oro cerró 2025 como la cuarta provincia más violenta de Ecuador y un número récord de crímenes. “La provincia ha vivido días amargos que afectan el bienestar emocional, económico y social de todos los habitantes y solo lanzamos un grito pidiendo que esto termine para poder vivir en paz”, exclamó.
El operativo que recién inicia supone sentimientos encontrados para Francisco Vivar Astudillo, quien vive en la ciudad fronteriza de Huaquillas. Por un lado, le preocupa las limitantes de movilidad que supone el toque de queda. Pero, por otro lado, entiende que la provincia necesita una medida urgente y más radical. “En caso de emergencia no podría movilizarme a otros lugares. Las emergencias médicas se complicarían con un evento de este tipo. No me siento seguro, más bien me da un grado de incertidumbre no saber cómo responder en caso de una emergencia de salud”, opinó.
Sin embargo, espera que el sacrificio que hará la población valga la pena. “Que no sea algo que baje las cifras por estos días y que cuando el toque de queda ya no esté vigente, las cifras de violencia vuelvan a subir en el país,” dijo.
Génesis Torres, una abogada que habita en la periferia de Machala, pide medidas más extremas de parte del Gobierno. “La inseguridad en la que vivimos no solamente es cometida en horas de la noche sino a plena luz del día. Pienso que deberíamos ser militarizados 24/7 para que, de esta manera, con la presencia de militares en las calles, se reduzca esta situación”.
“Espero que este despliegue militar dé buenos resultados, que se hagan operativos, se requise a cada persona, por qué no podemos seguir viviendo con el temor de salir a las calles, de abrir un negocio sin saber en qué momento tengamos que pasar por una desgracia”, dijo esta moradora de El Guabo, una población a unos 30 minutos en auto desde Machala.
El ministro Reimberg explicó, sin precisar detalles, que además de los detenidos por violar el toque de queda en la primera jornada, se destruyeron tres objetivos militares y se capturó a una persona que era requerida por la justicia. “Vamos a atacar a las economías criminales y también estamos atacando a las estructuras criminales”, explicó.
Si bien las miradas se concentraron este lunes en la provincia de El Oro, se estima que el mayor contingente de fuerzas del orden se concentra en Guayaquil, donde opera el puerto marítimo más grande del país y donde las cifras del crimen también son alarmantes. Durante las operaciones también fueron atacadas instalaciones clandestinas de minería ilegal, según informó el Ministerio de Defensa.
Los guayaquileños como Leonel Soto tienen expectativa de lo que puede suceder en estas dos semanas e incluso en los días posteriores. Soto cree que el toque de queda y el patrullaje pueden generar un efecto adicional tanto en el crimen organizado como en los ladrones de esquinas que habitan su barrio. Hay que “sembrarles temor en estos delincuentes que han perdido totalmente la vergüenza”. Lo dice un ciudadano común que, como tantos otros ecuatorianos, transita a diario el miedo en esos pocos minutos cuando sale y regresa a su hogar.
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