El breve y agresivo intento de Donald Trump de reunir una coalición internacional para vigilar el estrecho de Ormuz concluyó este martes con decepción, lo que llevó al presidente a arremeter contra las naciones europeas que rechazaron sus exigencias de ayudar con su guerra contra Irán.
“No necesitamos demasiada ayuda”, dijo un Trump frustrado en la Oficina Oval, donde recibía al taoiseach de Irlanda por el Día de San Patricio. “En realidad no necesitamos ninguna ayuda”.
Fue un giro llamativo por parte del presidente, que había pasado los últimos días insistiendo con vehemencia en que otros países enviaran sus buques de guerra al estrecho para escoltar petroleros. Irán ha cerrado la vía marítima, una ruta clave de transporte para alrededor del 20 % del petróleo mundial, lo que disparó los precios globales de la energía.
Trump había planteado sus exigencias como una prueba de lealtad, sugiriendo que el envío de buques navales equivaldría a un “esfuerzo muy pequeño” para países que dependen de Estados Unidos para su seguridad. Señaló este martes que algunos países estaban de acuerdo, incluidos Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, aunque no especificó en qué condición lo harían.
Sin embargo, la mayoría de los líderes extranjeros se había resistido, diciendo que no se verían atrapados en una guerra que no iniciaron. Y para este martes, Trump —quien había afirmado un día antes que había escuchado de “numerosos” países cuyos barcos estaban “en camino”— declaraba que la mayoría de las naciones bajo la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no había estado a la altura del momento.
“Creo que la OTAN está cometiendo un error muy tonto. Y desde hace mucho he dicho que me pregunto si la OTAN alguna vez estaría ahí para nosotros”, dijo a los reporteros. “Así que esta fue una gran prueba, porque no los necesitamos, pero deberían haber estado ahí”.
Al final, el esfuerzo de Trump por construir una coalición duró apenas unos días. No buscó el respaldo de otros países —salvo Israel— antes de lanzar la guerra a finales de febrero. Muchos líderes de Europa y del golfo Pérsico afirmaron haber sido tomados por sorpresa cuando comenzaron las primeras andanzas.
Ahora, esos países se enfrentan a un líder de Estados Unidos que se siente menospreciado y que promete recordar su inacción, que describió como “impactante”.
No está claro si Trump tomará represalias. Cuando un reportero le preguntó este martes si “replantearía” su compromiso con la OTAN, Trump respondió que “actualmente no tenía nada en mente”, pero que “no estaba exactamente entusiasmado”.
Sin embargo, en sus declaraciones, Trump pudo haber dado algunas pistas sobre cómo podría castigar a la OTAN en el futuro. Invocó repetidamente el apoyo de Estados Unidos a Ucrania en su guerra con Rusia, que, según dijo, había beneficiado a Europa por encima de los intereses estadounidenses.
“Los ayudamos, y ellos no nos ayudaron, y creo que eso es algo muy malo para la OTAN”, dijo Trump.
Anteriormente, el presidente de Estados Unidos ha reflexionado abiertamente sobre retirar el apoyo a la OTAN, aunque en los últimos meses se mostró más positivo sobre la alianza después de que las naciones miembros acordaran aumentar el gasto en defensa.
La OTAN es una alianza defensiva cuyo estatuto exige la defensa colectiva de cualquier miembro que sea atacado. La única vez que se ha invocado esa cláusula fue tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando los miembros acudieron en ayuda de Estados Unidos.
Pero fueron Estados Unidos e Israel los que atacaron a Irán, lo que llevó a otros miembros a cuestionar por qué la OTAN se involucraría en la guerra. El Gobierno de Trump argumenta que se estaba defendiendo de un ataque preventivo iraní contra activos de Estados Unidos en la región, aunque CNN ha informado que la inteligencia no respaldaba esa afirmación.
“Permítanme ser claro: esa no será —ni se ha concebido nunca como tal— una misión de la OTAN”, declaró el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, durante una conferencia de prensa celebrada esta semana.
Los líderes de Alemania han sido algo más contundentes.
“Esta no es nuestra guerra; no la iniciamos”, afirmó el ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, el lunes. Sin embargo, para Trump la cuestión de la participación de los aliados ha tenido más que ver con su compromiso percibido con su propia seguridad. Ha argumentado que, dado que las naciones europeas y asiáticas dependen más que Estados Unidos del petróleo y el gas que pasa por el estrecho de Ormuz, deberían asumir la responsabilidad de patrullarlo.
Este martes, dedicó unas duras palabras a los líderes europeos que rechazaron dicha premisa.
“Keir no es ningún Churchill”, comentó de manera despectiva sobre el líder británico, señalando un busto de bronce del primer ministro de la Segunda Guerra Mundial en la Oficina Oval.
“Muy pronto dejará el cargo”, dijo Trump sobre el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien anteriormente había declinado unirse a un grupo de trabajo para ayudar a asegurar el estrecho (el mandato de Macron expirará en mayo de 2027, lo que significa que Trump tendrá que lidiar con él durante otros 14 meses).
Por su parte, el taoiseach Micheál Martin se limitó en gran medida a escuchar la reunión de 45 minutos. Irlanda no es miembro de la OTAN y no tiene la capacidad militar para ayudar en el estrecho, aunque quisiera.
La guerra en Irán es extremadamente impopular en Irlanda, y las acciones israelíes desde hace mucho han atraído el escrutinio en una isla con un apoyo profundamente arraigado a la causa palestina.
En un momento dado, se le preguntó a Trump sobre comentarios hechos por la presidenta de Irlanda esta semana de que la guerra en Irán era una violación del derecho internacional.
“Tiene suerte de que yo exista”, dijo Trump sobre la presidenta de Irlanda, Catherine Connolly.
Cuando Martin decidió intervenir, enfatizó el deseo de su país de resolver el conflicto con Irán de manera pacífica.
“Tuvimos nuestro propio conflicto, que duró 30 años, y aprendimos mucho de eso en términos de cómo tratar de lograr la paz”, dijo, en referencia a las decenas de años de violencia sectaria conocidos como los Troubles.
Quedó sin decirse el papel principal de Estados Unidos, en la figura del entonces presidente Bill Clinton y su enviado especial George Mitchell, en lograr esa paz.
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