Mientras los esfuerzos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por atraer inversión estadounidense a la infraestructura petrolera de Venezuela enfrentan obstáculos, los venezolanos lidian a diario con la realidad de un bolívar cuya volatilidad deja al descubierto las dificultades para su supervivencia diaria y los desafíos que le esperan a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
En los días siguientes a la captura de Maduro junto a su esposa, Cilia Flores, en un operativo militar de Estados Unidos, el bolívar perdió fuerza frente al dólar estadounidense de manera acelerada hasta que, una semana después, su caída se estabilizó. Este martes, la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) se ubicaba alrededor de los 338 bolívares por dólar estadounidense. En tanto, el dólar paralelo se cotizaba por encima de la tasa oficial, generando una brecha cambiaria de aproximadamente 66 % entre el tipo de cambio oficial y el paralelo.
Muchos ciudadanos del país sudamericano, cuya moneda perdió más del 80 % de su valor (al tipo de cambio oficial) frente al dólar al cierre de 2025, se ven obligados a depender de dólares estadounidenses o a cargar grandes cantidades de bolívares para realizar compras básicas.
Ana Calderón dijo hace unos días a AP, mientras se encontraba en un mercado de Caracas, que la vida cada día es más cara y que lo único que desearía es poder comprar los ingredientes básicos para preparar una sopa.
“La comida está increíblemente cara”, dijo la mujer que trabaja en servicios de mantenimiento y ha notado cómo los precios suben rápidamente. El apio que utiliza para su sopa, por ejemplo, se vende al doble de lo que costaba hace apenas unas semanas y un kilogramo de carne por más de US$ 10, o 25 veces el salario mínimo mensual del país. “Todo es tan caro”, insiste Calderón.
La inflación actual en Venezuela, un país rico en petróleo pero con una infraestructura deteriorada, supera los tres dígitos y el Fondo Monetario Internacional preve que alcancé niveles aún más altos para 2026, lo que recuerda la etapa de hiperinflación de seis cifras que golpeó al país entre 2016 y 2019 y provocó la escasez de alimentos y medicamentos. El Banco Central no publica las cifras de inflación desde octubre de 2024, cuando empezó a ampliarse la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo.
Además, en medio de la acelerada devaluación de la moneda, el salario mínimo fijado en 130 bolívares mensuales desde hace casi cuatro años y equivalente a apenas 40 centavos de dólar al tipo de cambio oficial, resulta insuficiente para cubrir necesidades básicas, dejando a millones de venezolanos en una situación de pobreza y vulnerabilidad económica.
“Cuarenta centavos de dólar por mes en el país más rico de América Latina con las principales reservas de petróleo del mundo: es una paradoja monstruosa que se ha agudizado en los últimos años y meses porque se ha mezclado una crisis económica con una crisis política”, dice a CNN el economista venezolano José Manuel Puente, profesor Titular del Centro de Políticas Públicas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) y profesor asociado del IE University-Madrid.
La realidad económica en Venezuela varía según la ciudad e incluso de una calle a otra, haciendo que la experiencia de compra sea muy desigual. En Caracas, los supermercados ya no reflejan la escasez generalizada de hace una década y en las últimas semanas aún podían encontrarse en los supermercados productos importados de países como Colombia, Brasil, Europa y Asia y también de Estados Unidos. Sin embargo, muchos siguen fuera del alcance de la mayoría.
Algunos precios aún se marcan en bolívares, pero cada vez más productos llevan etiquetas en dólares, solo que se utiliza el símbolo “REF” para indicar que la referencia de precio es en la divisa extranjera.
Para el economista chileno Renato Campos, CEO de GHTrading, la depreciación sostenida del bolívar reduce el poder adquisitivo de las familias y profundiza la brecha entre quienes tienen acceso a divisas y quienes solo cuentan con bolívares.
“Cada salto que el dólar venga a presentar significa menos capacidad de compra que cada casa o cada familia va a llegar a tener. Y por tanto abre la brecha de mayor informabilidad y también al hablar de informabilidad abre la brecha de desigualdad social, entre quienes tienen acceso a la divisa y quienes no”, señala.
La brecha cambiaria también golpea a los negocios, añade Puente, quien explica que, junto con la devaluación —a su vez estrechamente vinculada con la inflación—, estos factores profundizan el empobrecimiento de los venezolanos.
“Esa brecha, producto de la crisis política y económica y, sobre todo, de una política económica inconsistente, con un Banco Central que no cumple adecuadamente su función, ha generado otro factor terriblemente distorsionante y empobrecedor para todos los venezolanos”, afirma.
El economista Asdrúbal Oliveros explicó previamente a CNN que las empresas deben fijar precios al tipo de cambio oficial, por mandato legal, aunque sus costos reales están determinados por el dólar paralelo. Esto, dijo Puente, genera distorsiones en la estructura de costos de los negocios y en la comercialización de productos.
Los esfuerzos de Trump por atraer inversión estadounidense a Venezuela se han topado con obstáculos. El viernes, el presidente y sus principales asesores se reunieron en la Casa Blanca con ejecutivos de la industria petrolera que manifestaron profundo escepticismo sobre el plan del Gobierno para garantizar la estabilidad a largo plazo.
Las empresas petroleras subrayaron que, aunque Rodríguez podría facilitar la cooperación, la falta de garantías de seguridad y marcos legales claros dificulta la inversión.
Puente, del IESA, dice que una mayor participación extranjera en la industria petrolera podría aliviar parcialmente la situación y contribuir a una estabilización cambiaria. Sin embargo, para el economista venezolano, la recuperación no depende solo del petróleo, sino de la reconstrucción de la democracia y de instituciones económicas y políticas sólidas.
En esto coincide Campos, de GHTrading, que considera que sin una reconstrucción de la confianza en las instituciones económicas y políticas, cualquier impacto positivo sobre el bolívar o el poder adquisitivo de los venezolanos sería muy limitado.
“Mientras esa confianza no se reconstruya en términos económicos, institucionales y políticos, la moneda va a seguir siendo un termómetro de riesgo para la economía”, explica Campos.
El país sudaméricano posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, unos 303.000 millones de barriles, pero su producción actual es muy baja debido al deterioro de la infraestructura, las sanciones internacionales y las limitaciones logísticas, incluida la disponibilidad y operación de buques tanque.
Hace unos días, el secretario de Estado Marco Rubio dijo que habrá “más acuerdos” con el Gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, una de las figuras más destacadas del chavismo, y habló de un plan de tres fases: estabilización, recuperación y transición.
“Creo que después de 27 años tienes que estabilizar al enfermo, porque un cambio abrupto puede terminar siendo un fracaso. Yo espero que ellos tengan la estrategia correcta en la secuencia correcta”, dice Puente sobre el plan que presentó Rubio.
Según explica, ese proceso pasa por cumplir tres condiciones básicas que hoy caracterizan al resto de América Latina y que inciden directamente en la fortaleza de la moneda: reducir la inflación a un solo dígito, mantener un crecimiento económico estable y sostenido, y garantizar el abastecimiento de bienes en la economía. Venezuela, subraya Puente, no cumple actualmente con ninguna de ellas.
Trump, quien autorizó la captura de Nicolás Maduro, pero ha dejado intacto al resto del actual Gobierno venezolano, insistió este viernes en que la presidenta encargada ayudaría en sus esfuerzos para que las empresas estadounidenses regresen al país. “Parece que son aliados, y creo que seguirán siéndolo”, dijo el mandatario.
Por su parte, la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) confirmó un proceso de negociación con Estados Unidos para la venta de “volúmenes” de crudo, un día después de que Trump asegurara que Caracas está dispuesto a entregarles de 30 a 50 millones de barriles de petróleo.
Neila Roa, quien vende paquetes de cigarrillos en las calles de Caracas, dijo hace unos días a AP que tiene que estar pendiente de las fluctuaciones diarias de la moneda para ajustar el precio. “Inflación y más inflación y devaluación”, dijo Roa, quien cargaba a su bebé de cinco meses. “Está fuera de control”.
Sorprendida por la captura de Maduro —quien se encuentra detenido en Nueva York donde enfrenta presuntos crímenes de narcotráfico, cargos que rechaza— Roa cree que se necesitaría “un milagro” para arreglar la economía de Venezuela.
“Estamos en un estado de incertidumbre. Tenemos que ver qué tan bueno puede ser y cuánto puede aportar a nuestras vidas”, dijo.
Mientras persiste esa incertidumbre por las tensiones entre Washington y Caracas, los venezolanos experimentan de forma directa los efectos de una moneda debilitada tras años de crisis e inestabilidad política que obligaron a cerca de 8 millones de personas a dejar el país.
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