Costó casi US$ 20 millones y lo sacaron tras dos errores en 17 minutos: la noche de terror de Antonín Kinsky ante el Atlético

No era una noche más para Antonín Kinsky. A los 22 años, y en apenas su tercer partido de la temporada, el portero nacido en República Checa estaba ante su gran oportunidad: el debut en la Champions League. Ni más ni menos que los octavos de final, donde su Tottenham visitaba al Atlético de Madrid en el partido de ida. Lo que Kinsky menos se esperaba era que el sueño se volviera pesadilla, y que, tras 17 minutos de una verdadera película de terror, el entrenador lo quitara del campo con su equipo ya cayendo por 3-0.

Y es que Kinsky tuvo mucho que ver en el resultado. Iban solo seis minutos de partido, y en prácticamente su primera intervención en todo el juego, el checo controló el balón cerca de su arco, y con opciones de pase a izquierda y derecha, se resbaló al intentar despejar el esférico hacia adelante. El balón cayó en los pies de Ademola Lookman, del Atleti, que lo pasó a Julián Álvarez y este a Marcos Llorente, quien no perdonó: 0-1.

Ocho minutos después el portero fue testigo de otro resbalón: el del central Micky Van de Ven, quien parado como último hombre cayó al piso y dejó servido el 2-0 a cargo de Antoine Griezmann.

Pero apenas un minuto después llegó la gota que rebalsó el vaso: Kinsky recibió un pase casi desde la banda y al querer despejar con la izquierda le pifió al balón ante la presión de Álvarez. El arquero cayó al suelo y el delantero acompañó la redonda casi hasta la línea de gol antes de empujarla suavemente para el 3-0.

Era la noche soñada del Atlético. Es cierto que el Tottenham está en caída libre, a un punto de la zona de descenso en la Premier League, con un técnico despedido (Thomas Frank) y otro (Igor Tudor) que, desde que llegó, perdió todo lo que jugó. Pero ni el “Colchonero” más optimista hubiera imaginado tener tres goles de ventaja en el primer cuarto de hora.

Lo otra cara de la moneda mostraba lo opuesto. Kinsky ni siquiera atinó a levantarse tras caerse en el segundo error. Ni siquiera vio la definición del argentino. Quedó tendido en el campo, con el rostro contra el césped del Estadio Metropolitano, un escenario casi que maldito para los Spurs, que en 2019 perdieron allí la final por la Orejona ante el Liverpool.

Costaba pensar en cómo iba a reponerse el portero checo para jugar los 75 minutos que aún quedaban en el reloj. Y lo mismo debió haber pensado Tudor, que eligió sacarlo del campo para darle entrada al guardameta habitualmente titular, el italiano Guglielmo Vicario. La modificación solo le generó un último tormento al nacido en Praga: se retiró aplaudido por todos los aficionados del Atleti que colmaban y celebraban en las tribunas del estadio, como agradeciendo sus errores en el campo. Visiblemente molesto y superado por toda la situación, Kinsky apenas saludó a Vicario al cruzarlo en el lateral del campo y se fue directamente a los vestuarios, esquivando el banco de suplentes. Ni siquiera cruzó miradas con el entrenador.

En redes sociales, muchos aficionados del Tottenham se quedaron sin palabras. Algunos estaban visiblemente molestos, otros recordaban que Kinsky era conocido por ser un portero hábil con el balón, y algunos más aún lo defendían. Y es que en medio de una temporada casi que indigna para la historia de los Spurs, que hace nueve meses se coronaron campeones de la Europa League contra el Manchester United, muchos seguidores pedían por su titularidad, en medio de algunas actuaciones flojas de Vicario, un portero que también tiene su compilado de bloopers desde su llegada al club.

De hecho, la cosa no fue mucho mejor con el italiano entre los tres palos. Cinco minutos después de haber ingresado tuvo que sacar el balón del fondo de la red cuando el Atlético marcó el cuarto tanto, y en el segundo tiempo llegó el quinto. Los tantos de Porro y Solanke ayudaron a maquillar la historia en un 5-2 inapelable.

Muchos aficionados cargaron contra el entrenador, Tudor, acéfalo de puntos desde que asumió el cargo, por someter al portero al escarnio y la burla del Metropolitano.

No habrá consuelo suficiente para Kinsky. De camino a los vestuarios quizás hasta escuchó ese ruido típico de las películas de terror, el de los tacones en medio de un silencio casi estruendoso. El exarquero del Slavia Praga, por quien el Tottenham pagó casi US$ 20 millones hace menos de dos años, fue protagonista involuntario de su propia cinta no apta para menores. Es cierto, en esta no hubo vampiros, asesinos con cuchillos o monstruos. Tal vez, solo el simple recordatorio de que el fútbol, a veces, puede ser demasiado cruel.

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