Los líderes de los dos estados más pequeños del mundo se reunieron este sábado, mientras el papa León XIV hacía historia con la primera visita papal a Mónaco de los tiempos modernos.
León viajó a Mónaco desde el Vaticano en helicóptero, donde fue recibido por el príncipe Alberto y la princesa Charlene, e inició su visita con una reunión privada en el palacio del príncipe. Una multitud que hacía flamear banderas de Mónaco y del Vaticano, junto con niños que lucían sombreros amarillos, lo aguardaba.
La visita del pontífice al principado ha suscitado interrogantes sobre el motivo por el cual eligió un lugar conocido por su riqueza y su reputación como destino de recreo para los superricos para realizar su primer viaje al extranjero de 2026, y el primero en Europa fuera de Italia.
Sin embargo, los lazos entre el papado y Mónaco son profundos —siendo el catolicismo la religión de Estado en el principado—, y el Vaticano percibe un beneficio diplomático en trabajar estrechamente con otro Estado pequeño.
Existe también una dimensión personal: el primer papa nacido en Estados Unidos y el príncipe Alberto comparten vínculos con ese país, dado que la madre del príncipe Alberto de Mónaco —la actriz de Hollywood Grace Kelly— contrajo matrimonio con el príncipe Rainiero III en 1956.
“El don de la pequeñez y una herencia espiritual viva los invitan a poner su prosperidad al servicio de la ley y la justicia”, dijo León a la multitud congregada frente al palacio del príncipe, señalando que esto resulta necesario en un momento en que la “ostentación de poder y la lógica de la opresión están dañando al mundo y poniendo en peligro la paz”.
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, afirmó que los Estados pequeños aún pueden desempeñar un importante papel moral en el escenario mundial como “baluarte contra las tendencias autoritarias”, al tiempo que destacó las prioridades compartidas entre el Vaticano y Mónaco.
Parolin señaló que, en una era en la que “el derecho internacional parece debilitado” —junto con el “peligroso resurgimiento de teorías que justifican las guerras preventivas”—, los Estados más pequeños pueden erigirse como “guardianes naturales del multilateralismo”.
Entre dichas prioridades se incluyen la protección del medio ambiente —ámbito en el que Mónaco persigue activamente una transición ecológica— y la oposición al aborto; cabe recordar que el príncipe Alberto vetó recientemente una ley sobre el aborto en el principado.
Los lazos entre Mónaco y la Iglesia se reflejan en el hecho de que la princesa Charlene figure entre el reducido grupo de mujeres de la realeza católica a las que se les ha concedido el raro privilegio de vestir de blanco en presencia del papa, en lugar del habitual negro.
El itinerario de un día de León incluye un encuentro con la comunidad católica de Mónaco y una misa pública en el estadio nacional.
Sin embargo, el papa no tiene planes de visitar el famoso distrito de casinos de Mónaco y, según su hermano John, León dejó el juego tras su etapa como misionero en Perú.
“Solíamos disfrutar yendo al barco a jugar”, comentó John al National Catholic Reporter. “Después de aquella experiencia, (él decía): ‘De ninguna manera; es un desperdicio. Hay cosas mejores que se pueden hacer con el dinero’”.
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