Trump le dio a Kevin Warsh, su candidato para presidir la Fed, una tarea imposible

Desde el viernes, colegas expertos en la Reserva Federal y analistas de mercado han estado estudiando detenidamente el currículum de Kevin Warsh, el nuevo candidato del presidente Donald Trump para presidir la Fed, intentando leer entre líneas qué tipo de jefe del banco central será de ser confirmado.

Pero toda la atención puesta en la biografía de Warsh podría estar pasando por alto el panorama general. Las cartas ya estaban echadas en contra de Warsh, no por sus cualificaciones, sino porque era Donald Trump quien lo estaba eligiendo.

Y eso se debe a que el propio Trump ha dicho explícitamente que quienquiera que elija para presidir la Fed tendrá que seguir sus órdenes. “¡Quien no esté de acuerdo conmigo nunca será presidente de la Fed!”, publicó en redes sociales en diciembre.

El nombramiento de presidente de la Fed es posiblemente el más trascendental en el mandato de cualquier presidente. El de Warsh sería solo uno de los 12 votos en el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), y no puede actuar unilateralmente.

Sin embargo, bajo las reglas de Trump, cualquiera que solicite el puesto se está preparando para una tarea imposible: convencer al mercado de su independencia, mientras le asegura al presidente que no lo es.

Por si te lo perdiste: la semana pasada, el presidente, quien durante años se ha quejado de que debería tener una influencia más directa en la Fed, anunció a Warsh como su candidato para reemplazar a Jerome Powell en mayo, cuando finalice su mandato como presidente.

En teoría, Warsh parece una opción convencional: estudiante de Stanford, licenciado en Derecho por Harvard, Morgan Stanley, la persona más joven jamás nombrada para la Junta de Gobernadores de la Fed. Como si fuera un “central casting”, como lo expresó el presidente.

El viernes, el ambiente en Wall Street era de un alivio tibio: Trump prefirió al institucionalista relativamente aburrido en lugar de a un adulador partidista, ¡alegría! Parte de ese alivio ha mermado, en la medida en que los observadores se han enfocado en la bien documentada interpretación errónea de Warsh sobre la recuperación económica posterior a 2008, su historial como halcón en política monetaria (prefiriendo tasas de interés más altas), así como su repentino y quizás políticamente conveniente cambio de tono sobre los riesgos de inflación cuando Trump ganó la reelección.

Para el lunes, cualquier preocupación persistente sobre Warsh o su historial de halcón se había disipado en gran medida, ya que Wall Street centró su atención en los sorprendentemente sólidos datos de la industria manufacturera de EE.UU. Las acciones cerraron el día casi alcanzando un récord.

El panorama general: el presidente no esconde sus intenciones. Quiere tasas de interés más bajas para impulsar el crecimiento económico. Eso es todo, en lo que respecta a la Reserva Federal. Si Trump hubiera podido despedir a Powell en cualquier momento del último año e instalar a alguien leal que cumpliera sus órdenes sin arriesgarse a una crisis del mercado, probablemente lo habría hecho. Pero, flanqueado por financieros como el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quienes saben que no deben tentar la ira del mercado de bonos, Trump ha buscado otras opciones para poner al banco bajo su control.

Trump ha amenazado repetidamente con despedir a Powell, de quien una vez sugirió que era una amenaza mayor para Estados Unidos que el presidente Xi Jinping. Intentó despedir a Lisa Cook, gobernadora de la Reserva Federal designada por el presidente Joe Biden, por acusaciones de fraude hipotecario. (Cook, quien no ha sido acusada de ningún delito, niega las acusaciones, y se espera que la Corte Suprema se pronuncie pronto sobre la legalidad de su despido). Y, más recientemente, el Departamento de Justicia inició una investigación penal sobre la Reserva Federal y Powell, alegando sobrecostos en la sede del banco central (una escalada de los ataques de Trump tan atroz que provocó una inusual reprimenda pública de Powell).

Warsh lo sabe todo. Se postuló al puesto de todos modos. ¿Y quién no lo haría? Es uno de los puestos más importantes del mundo.

Pero le tocará una mano difícil. Si el Senado lo confirma, Warsh, con quien no fue posible contactar de inmediato para que hiciera declaraciones, asumirá el control del banco central plenamente consciente de lo que el presidente espera de él y de lo que es capaz de hacer si no se sale con la suya.

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