La primera reunión de la Junta de Paz de Trump presenta grandes promesas, pero persisten las dudas

Tuvo todos los elementos característicos de un mitin político de Trump: “Gloria” de Laura Branigan sonando a todo volumen por los altavoces y gorras rojas de “USA” repartidas entre los participantes.

Pero el evento en Washington, el jueves, estaba destinado a marcar un momento importante en la gobernanza global. Fue la reunión inaugural de la Junta de Paz, la organización presidida por el presidente de EE.UU., Donald Trump, que busca reconstruir y transformar Gaza tras años de ataques israelíes. Y conllevaba potencialmente profundas implicaciones sobre cómo la Casa Blanca maneja los conflictos internacionales y quién toma las decisiones.

En un extenso discurso, el presidente de EE.UU. anunció que nueve naciones habían prometido más de US$ 7.000 millones para ayuda a Gaza. Un puñado de países se comprometerían a enviar soldados allí como parte de una fuerza de estabilización, dijo. Trump también afirmó que Estados Unidos contribuiría con US$ 10.000 millones a la Junta de la Paz, que él presidirá indefinidamente. Un multimillonario miembro del comité ejecutivo de la junta expuso el potencial de desarrollo del enclave, aunque la gran mayoría de Gaza está en ruinas tras casi dos años de bombardeos israelíes. Aun así, la FIFA, con un video llamativo y aparentemente generado por IA, adelantó “un ecosistema futbolístico completo”.

Ahora, surgen grandes interrogantes sobre cómo estas ambiciosas metas se ajustarán a la realidad sobre el terreno en Gaza. Ha habido repetidas violaciones al alto el fuego de Trump y la situación humanitaria allí sigue siendo precaria por las acciones de Israel. Además, el tema clave de la desmilitarización de Hamas aún no se ha resuelto, lo que plantea dudas sobre cuándo y cómo podrán darse la reconstrucción y el despliegue.

En sus declaraciones, Trump, quien ha buscado asumir el papel de pacificador, hizo poco para disipar las preocupaciones sobre los esfuerzos de la junta por suplantar a las Naciones Unidas.

“La Junta de Paz casi va a estar supervisando a las Naciones Unidas y asegurándose de que funcione correctamente”, dijo, añadiendo que la ONU tiene “un potencial tremendo”.

“También vamos a dar quizá un paso más allá, donde detectemos focos de tensión en el mundo, probablemente podamos actuar ahí muy fácilmente”, dijo Trump al concluir la reunión de la Junta de Paz, que se produce mientras considera una acción militar contra Irán. Aunque la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que facultó a la Junta de la Paz se refería específicamente a Gaza, la carta fundacional del grupo reclama su propia autoridad para abordar cualquier conflicto hipotético.

Alrededor de cuatro docenas de países tuvieron representantes en la reunión del jueves, pero solo la mitad de ellos son miembros de la junta. La otra mitad, incluyendo a la mayoría de los participantes de Europa, asistió como observadora. Un alto diplomático de la Unión Europea dijo el jueves a periodistas en Bruselas: “Está claro que hay problemas con la Junta de Paz”. Pero, en ausencia de otro mecanismo u organización internacional para definir el futuro de Gaza, no hay otra opción.

Muchos de los aliados tradicionales de EE.UU. han rechazado integrarse a la junta debido a preocupaciones sobre su amplia misión. También existen inquietudes sobre algunos posibles miembros. Trump añadió más tarde el jueves que le gustaría que Rusia y China se unieran a la junta.

Aaron David Miller, exnegociador de Medio Oriente para EE.UU., dijo a CNN que la reunión parecía estar desconectada de la realidad, señalando que el plan de desmilitarización no está listo para ser implementado.

Existe un entendimiento entre funcionarios de EE.UU. y aliados regionales de que la desmilitarización será un proceso a largo plazo, según indicaron fuentes a CNN.
Un funcionario estadounidense dijo que se espera que el gobierno palestino tecnocrático facilite conversaciones con Hamas sobre el tema y, aunque hay labores en marcha, no existe un cronograma para que esto ocurra realmente. En un comunicado emitido el jueves por la noche, Hamas no mencionó en absoluto el desarme ni la desmilitarización de Gaza. En cambio, hizo un llamado a la comunidad internacional para que obligue a Israel a abrir completamente los cruces hacia Gaza y comenzar la reconstrucción.

No está claro si la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF, por sus siglas en inglés) se desplegará antes de que ocurra la desmilitarización. Según Trump, Marruecos, Albania, Kosovo y Kazajistán “ya han comprometido soldados y agentes de policía para estabilizar Gaza”.

Egipto y Jordania, agregó, “también están proporcionando ayuda muy, muy significativa, soldados, capacitación y apoyo para una fuerza policial palestina muy confiable”.

Y la Comisión Nacional para la Administración de Gaza, afiliada a la junta, tiene como objetivo “restaurar la seguridad mediante una policía civil profesional bajo una sola autoridad… incluyendo la capacitación y desarrollo de 5.000 agentes de policía gazatíes que serán desplegados en 60 días”, dijo el presidente de la comisión, Ali Shaath, en la reunión del jueves. Pero la comisión no ha podido ingresar a Gaza, y permanece atascada en El Cairo con poco poder para implementar sus decisiones o gobernar el enclave de manera significativa.

El alto representante Nickolay Mladenov, quien actúa como el principal enlace entre la junta y la comisión tecnocrática palestina, señaló el jueves que, para comenzar la reconstrucción, “no hay otra opción” que la desmilitarización total de Gaza y el desmantelamiento del armamento en el enclave.

Trump dijo que Bahrein, Qatar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait han aportado más de US$ 7.000 millones para la ayuda a Gaza, pero no especificó cómo o cuándo se invertiría ese dinero. Tampoco está claro para qué se utilizarán específicamente los US$ 10.000 millones que EE.UU. aportará a la junta, aunque un funcionario estadounidense señaló que se entregarán en los próximos años.

Miller señaló que “el dinero no sirve de nada si no puedes gastarlo”.

Parte del problema, indicó, es que es poco probable que el Gobierno de Israel permita la entrada de infraestructura en las partes de Gaza que no controla o va a insistir en inspeccionar “cada artículo”. El otro problema son los ataques militares en curso, destacó.

“Creo que, bajo las circunstancias adecuadas, los actores externos podrían tener un impacto significativo. Simplemente no veo cómo se puede transformar lo que vi hoy en una realidad que haga de Gaza un lugar íntegro, seguro y próspero”, afirmó Miller.

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