Demócratas exigen una reforma profunda a ICE, mientras aumenta el riesgo de cierre del Gobierno

Los demócratas en el Congreso se oponen a cualquier acuerdo de financiamiento con el presidente Donald Trump esta semana que no incluya cambios significativos en la aplicación de las leyes migratorias federales, lo que incrementa notablemente las probabilidades de un cierre del Gobierno al final de la semana.

En el Capitolio de Estados Unidos, los demócratas respaldaron al líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, quien presentó este miércoles las demandas oficiales del partido para limitar las acciones del Departamento de Seguridad Nacional bajo el Gobierno de Trump. En privado, varios demócratas rechazaron los intentos de la Casa Blanca de negociar alternativas para evitar el cierre, insistiendo en que los republicanos deben sentarse a la mesa de diálogo, en lugar de intentar atraer a demócratas centristas como ocurrió en el cierre anterior.

Incluso ante la posibilidad de que tres cuartas partes del Gobierno cierren a partir del sábado, muchos demócratas se mantienen firmes, convencidos de que la paciencia del país con las tácticas enérgicas de control migratorio del Gobierno de Trump se ha agotado.

“Estoy cansada de que lo ignoren todo solo porque Donald Trump podría reprenderlos”, dijo la senadora Jacky Rosen, demócrata de Nevada.

Entre sus exigencias están que los funcionarios de ICE usen cámaras corporales y no porten máscaras, que se eliminen las patrullas itinerantes, que se restrinjan los parámetros para órdenes de registro y arresto, y que se aplique un código de conducta similar al de las fuerzas policiales estatales y locales.

El Partido Demócrata enfrenta ahora un momento decisivo, con solo dos días para evitar otro posible cierre federal. Schumer y su bancada deben equilibrar lo que es viable en una negociación donde los republicanos controlan todos los resortes de poder, mientras buscan satisfacer a una base demócrata indignada por la muerte de Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, en un encuentro con agentes federales en Minnesota el sábado.

“Los demócratas piden básicamente dos cosas: que se detenga la violencia y que haya verdadera rendición de cuentas para quienes violan la ley. No estamos pidiendo reescribir toda la ley migratoria ni la penal”, dijo la senadora Elizabeth Warren de Massachusetts. “Todos están en riesgo y eso es lo que ha movilizado a la gente”.

En las negociaciones internas, los demócratas han optado por presentar un conjunto limitado de demandas a sus colegas republicanos, en vez de una lista extensa de políticas que su base quisiera ver. El objetivo es que los republicanos no puedan rechazar sus peticiones de plano ante la presión pública.

“Hace mucho que no estábamos tan unidos. Estamos totalmente juntos y decididos, y creemos que podemos llegar a un buen acuerdo, pero nadie debe confundir nuestra disposición a negociar con falta de claridad moral o política”, dijo el senador Brian Schatz, de Hawai.

Este miércoles, funcionarios del Gobierno de Trump intentaron convocar a varios senadores demócratas a la Casa Blanca para una reunión sobre el inminente plazo de financiamiento, pero los demócratas declinaron la invitación, de acuerdo con tres fuentes y un alto funcionario de la Casa Blanca.

“La Casa Blanca espera evitar otro cierre perjudicial del Gobierno e invitó a los demócratas a una sesión para escuchar y comprender mejor su postura. Es lamentable que sus líderes bloquearan la reunión”, dijo un alto funcionario de la Casa Blanca a CNN.

Los demócratas son conscientes del riesgo de un estancamiento prolongado, pero muchos —incluso quienes buscan la reelección— creen que tienen una oportunidad real y poco común de lograr cambios significativos en el funcionamiento del Departamento de Seguridad Nacional. Algunos lo comparan con el último acuerdo bipartidista sobre control de armas: no es la política perfecta, pero creen que puede salvar vidas.

“Es un momento clave. Este organismo necesita límites, pero también es una oportunidad para demostrar nuestra capacidad de actuar”, dijo el senador Mark Warner, demócrata de Virginia, quien busca la reelección.

Aun así, algunos demócratas más progresistas quieren ir más allá. En la Cámara de Representantes, el Grupo de Legisladores Hispanos del Congreso de EE.UU. presentó una lista de demandas —como redirigir US$ 75.000 millones de los fondos de control migratorio de Trump— que incluso otros demócratas consideran inaceptables para los republicanos.

Pero, según varios demócratas, esas demandas podrían unir a la base en torno a prioridades poco realistas.

“Esto podría salvar vidas. No es momento de posturas simbólicas”, dijo un alto asesor de un demócrata progresista, pidiendo un enfoque pragmático.

Los demócratas también observan cómo varios de sus colegas republicanos expresan dudas sobre la gestión de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Dos republicanos —los senadores Thom Tillis de Carolina del Norte y Lisa Murkowski de Alaska— han pedido abiertamente la destitución de Noem. Otros han manifestado preocupación por la muerte de Pretti, los comentarios de Noem y las consecuencias del segundo caso de un ciudadano estadounidense muerto por agentes federales en Minneapolis en el mismo mes.

“No creo que sea honesto decir que blandió un arma. No creo que sea honesto decir que agredió a los agentes. Todos los estadounidenses han visto ese video; la mayoría lo ha visto. Todos estuvieron aislados por la nieve tres días. Mucha gente ha visto ese video. En todo momento, él se retira”, dijo el senador Rand Paul, republicano de Kentucky.

Sin embargo, los demócratas insisten en que no basta con un cambio de liderazgo; se requiere una negociación integral sobre las prácticas del organismo.

“Creo que el Gobierno se quitaría un gran problema de encima si destituyen a Noem, pero eso no será suficiente”, dijo el senador Tim Kaine, de Virginia.

Los líderes republicanos, incluida la Casa Blanca, aún no han respondido a la propuesta demócrata. Pero varios senadores republicanos señalaron el acercamiento de la Casa Blanca como prueba de que el Gobierno busca seriamente una solución.

“El presidente claramente no quiere un cierre”, dijo el senador John Kennedy, de Louisiana.

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