El precio del combustible premium en Venezuela, más caro y solo en dólares: señal de que el ajuste se profundiza

Letreros de color verde manzana se incorporaron, desde finales de marzo, a las estaciones de servicio de combustible pertenecientes a Petróleos de Venezuela (PDVSA) para identificar la venta de gasolina “súper premium”, un combustible de 97 octanos que es nuevo en el mercado venezolano. No es solo un cambio de color, sino una medida que impacta fuerte en los bolsillos de conductores y transportistas del país.

Se trata de un cambio visual que, por un lado, identifica con mayor claridad las estaciones que expenden exclusivamente este tipo de gasolina y que para muchos incluso rompe con el rojo predominante en la estética de la petrolera oficial. El conocido como “rojo rojito”, emblema de la llamada revolución bolivariana que ha predominado en el país durante más de veintisiete años. Recientemente esta nueva imagen no solo se incorpora en las gasolineras, sino también en las gandolas, que ahora lucen el mismo tono de verde.

En medio de los esfuerzos por atraer inversiones al sector petrolero y en un contexto global de preocupación por los precios del combustible, PDVSA avanza con el plan piloto comercializando la súper premium a un dólar el litro, lo que equivale a US$ 3,79 por galón.

El esquema tiene una particularidad clave: el pago se realiza exclusivamente en dólares en efectivo. No se aceptan bolívares ni tarjetas internacionales, en un país donde la moneda oficial sigue siendo el bolívar y donde el acceso a divisas no es uniforme. En Venezuela no se va a un cajero electrónico y se sacan dólares en efectivo. Algunos bancos manejan divisas, pero mediante trámites y con restricciones.

Este cambio forma parte de un plan piloto que se inició en febrero en algunas sedes, pero que ya los usuarios reportan en ciudades como Barquisimeto, Valencia y Maracay, y que podría ampliar el mercado de combustible a tres bandas: el subsidiado, el de 95 octanos y el de 97 octanos.

A esto se suma otro factor: las estaciones de servicio no ofrecen todos los tipos de gasolina. Cada una vende un solo tipo de combustible de forma exclusiva. Esto obliga a muchos conductores a modificar sus rutas para conseguir la opción que pueden pagar, en algunos casos recorriendo mayores distancias y, paradójicamente, consumiendo más gasolina. Cada tipo de estación funciona de manera distinta en este nuevo esquema.

Mucho antes de que salga el sol, a eso de las cuatro de la mañana y a veces antes, ya las personas se suman a las filas en las estaciones subsidiadas el día de la semana que le corresponde según el último número de su cédula o documento de identidad. Algunas de las gasolineras han sido seleccionadas para surtir solo para el transporte público: autobuses, camionetas, jeeps y taxis. Es considerablemente la gasolina más económica, con un costo aproximado de 0,50 bolívares por litro o 0,02 dólares.

Para tener acceso a ella, es necesario estar registrado en el Sistema Patria, una plataforma digital creada por el Gobierno del derrocado Nicolás Maduro en 2017 para gestionar subsidios, bonos y acceso a programas sociales en Venezuela, y que muchos denuncian también como un sistema de control social y político.

Ahí se establece un cupo mensual de hasta 120 litros para los vehículos y unos 60 litros para las motos. La disponibilidad de este combustible varía según la región y eso impacta en el tiempo de espera en las filas. En términos prácticos, llenar un tanque de 40 litros con combustible subsidiado cuesta menos de un dólar.

José Luis Trocel, secretario ejecutivo del Comando Intergremial del sector transporte, dijo a CNN que “el combustible en Venezuela para el transporte público se sigue suministrando de manera intermitente”. Explica que la situación varía de estado a estado y que es en las entidades fronterizas y las más alejadas de Caracas donde tienen mayores problemas. Asegura que, en Caracas y Maracay, por ejemplo, el suministro es más estable, aunque insuficiente, porque a su juicio deberían poder surtir cuando se requiera y eso no sucede así.

Además, espera que no le toque al transporte público pagar la gasolina súper premium, porque, en su opinión, es imposible para el sector pagar la gasolina a un dólar el litro, y que incluso US$ 0,50 el litro sería demasiado, pues deben trabajar con una tarifa de pasaje fijo que considera desfasada con respecto a la situación económica. Por eso están pidiendo que se ancle al dólar el precio del pasaje.

La gasolina premium se ubicaba como la más costosa hasta que llegó la súper premium, que ahora cuesta un dólar el litro. La premium se mantiene en torno a los US$ 0,50 el litro y se encuentra concentrada ahora en un menor número de sedes, ya que algunas de ellas, al menos 10 identificadas por CNN en Caracas, ahora se dedican a la venta del nuevo combustible de 97 octanos.

En contraste con esas estaciones premium, que al ser menos frecuentes comienzan a aumentar el número de visitas entre los conductores que buscan rendir su presupuesto, algunas estaciones de gasolina en Caracas que durante años estuvieron marcadas por la alta demanda, hoy lucen inusualmente vacías. Se trata precisamente de las seleccionadas para la nueva modalidad en la política de combustibles.

El economista y profesor José Manuel Puente, titular del IESA y profesor asociado del IE de Madrid, dijo a CNN que la incorporación de la nueva gasolina súper premium en Venezuela consolida un proceso de ajuste gradual que busca acercar los precios internos del combustible a niveles internacionales y generar ingresos que cubran sus costos de producción. La gasolina subsidiada es de acceso reducido, dice, y el costo es un sacrificio para quienes solo pueden tener acceso al combustible de menor precio en el mercado, es decir, las personas con menores ingresos.

Bajo el esquema de una gasolina muy barata se generan grandes pérdidas, asegura Puente, pero explica que, al mismo tiempo, su precio real queda fuera del alcance de la mayoría y a su juicio ese es el gran dilema en Venezuela. En su opinión, tener la gasolina más barata no resulta precisamente una ventaja del sistema sino, por el contrario, un problema.

Considera que la venta de gasolina súper premium forma parte de un ajuste inevitable, pero con impacto social. Desde Madrid, Puente explicó que este movimiento se inscribe dentro de una estrategia política que describió como “muy hábil”, aunque en su opinión no necesariamente la más acertada desde el punto de vista de política pública.

Según indicó, mientras en el mundo la guerra en el Medio Oriente ha impactado en el precio del combustible, en Venezuela el Ejecutivo impulsa un aumento gradual de los precios del combustible. Para ello, explica, ha creado este sistema de tres categorías de gasolina que en la práctica sustituye el viejo esquema de subsidios generalizados que mantuvo al país con la gasolina más barata del mundo, con excepción de Libia e Irán.

“El Gobierno está haciendo los ajustes necesarios, porque mantener el precio actual es insostenible. Con los valores que se manejan, ni siquiera se cubren los costos de producción”, afirmó Puente, quien calificó de “hasta mediocre” la política de sostenimiento artificial de los precios bajos.

El economista enfatizó que, cuando se tiene la gasolina más barata del mundo, se termina subsidiando a los más ricos y perjudicando a los más pobres. Al respecto, explicó como ejemplo que a una persona de ingresos altos le sale a muy buen precio llenar el tanque de combustible de su yate, aunque sea premium, mientras una persona de bajos ingresos debe madrugar y hacer fila para llenar el tanque de combustible y poder ir a trabajar.

Puente señaló que, aunque una parte de la población podría percibir el aumento como un golpe adicional, la lógica económica detrás de esta medida es inevitable: “Si se cobrara el combustible a precios internacionales, el Estado podría usar esos recursos para invertir en educación, salud o infraestructura, en lugar de perder dinero subsidiando el consumo privado de los sectores de mayores ingresos”.

Sin embargo, el académico destacó el dilema central de la política económica venezolana: cómo equilibrar los ajustes necesarios para garantizar la sostenibilidad económica sin profundizar el deterioro social. “Estamos hablando de un país que se ha empobrecido profundamente y donde los ciudadanos no tienen ingresos suficientes para asumir el costo real de la gasolina. Ese es el gran dilema que el Gobierno no ha logrado resolver”, concluyó.

La medida ha abierto un debate. En las calles quienes respaldan la ampliación de la oferta de gasolina en Venezuela aseguran que está dirigida a vehículos que requieren mayor octanaje y a conductores dispuestos a pagar más a cambio de mejor rendimiento.

Pero otra parte de la ciudadanía cuestiona la introducción de un combustible dolarizado y de alto costo en un contexto de salarios muy bajos. El salario mínimo mensual en Venezuela se mantiene por debajo de un dólar, lo que implica que llenar un tanque de gasolina súper premium queda fuera del alcance de la mayoría. Un litro a un costo de un dólar significaría más de tres meses de salario mínimo mensual en Venezuela. Incluso para quienes perciben ingresos promedio entre US$ 150 y US$ 50 mensuales esta opción resulta difícil de asumir, sumado al resto de los gastos y, especialmente, al precio de los alimentos.

Mientras, sigue sin estar claro cómo incidirán las nuevas inversiones extranjeras en materia de petróleo que el Gobierno ha dicho que intenta atraer, ni si esto podría repercutir en algún punto en el precio de venta del combustible en el mercado interno.

The-CNN-Wire
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