«No sabemos aún lo que va a pasar»: en España, los cubanos se ilusionan con la presión de Trump a la isla, pero no del todo

La sala, espaciosa, reverbera con algunas tímidas conversaciones que se escuchan desde mesas lejanas. Las miradas, furtivas, se pierden de vez en cuando entre los amplios espejos que visten las paredes de la cafetería, en el céntrico barrio madrileño de Lavapiés.

Muy cerca de la puerta, el activista y dramaturgo Yúnior García comparte recuerdos y añoranzas de su Cuba natal. “Soy un cubano crónico, yo no me puedo quitar el tema de la cabeza de que soy cubano y que mi hogar está allí”, detalla con solidez. “Mis sueños, en general, están allí”.

García salió de Cuba hace más de cuatro años, en noviembre de 2021. El asedio del gobierno y algunos simpatizantes de este por organizar marchas para solicitar más libertades políticas llevó a que decidiera dejar atrás la isla para ponerse a salvo en Madrid.

“Llevo todo este tiempo sin ver a mi madre, sin ver a mi hijo”, cuenta en conversación con CNN. “A mi hijo lo dejé de un metro y medio, o sea, era mi niñito pequeñito y ahora mide un metro y ochenta y cinco. Mi padre murió en Cuba sin que yo pudiera despedirme de él”.

Una distancia dolorosa, motivo por el que no ha perdido la esperanza de regresar en algún momento. Sobre todo ahora, que aprecia una luz de esperanza ante la presión que Washington está ejerciendo contra La Habana.

Una presión que ha sido verbalizada, entre otros, por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. “Creo que nos gustaría ver que el régimen allí cambie”, aseguró hace una semana, durante una audiencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. “Eso no significa que vayamos a provocar un cambio”, aclaró.

“Podremos criticarle muchas cosas a su administración (del presidente Donald Trump), pero en Venezuela y en Cuba está haciendo lo que los venezolanos y los cubanos llevamos gritando durante años”, señala García. Sin embargo, el presidente estadounidense tiene “un problema” si quiere gestionar bien sus movimientos con Cuba, estima el activista y dramaturgo.

Donald Trump “tendrá que jugar con un equilibrio lo suficientemente fino como para presionar, lograr un cambio dentro del sistema cubano pero, al mismo tiempo, sin provocar un caos”. Un caos, aclara García, como podría ser “una crisis en Cuba que provoque una ola migratoria masiva”.

En cualquier caso, el momento para actuar es ahora: “Si ese cambio que soñamos no ocurre, Cuba podría estar condenada a ser un Estado fallido y, probablemente, en un estado irreversible”.

A escasas calles de distancia, el aire se empieza a llenar de una mezcla de olores que combina el ajo, el comino y el cilantro. Un atractivo reclamo con el que seducir a quienes les ruge la barriga, dado que el reloj marca casi las dos de la tarde y para muchos, en Madrid, eso supone la hora de almorzar.

La responsable de que en el ambiente se extiendan fragancias típicas de la gastronomía cubana no es otra que Daimé Hernando, quien lidera la cocina del Havana Blues, un restaurante cubano localizado en el distrito de Arganzuela y que su padre abrió en mayo de 2012 con el objetivo de que el cliente “sienta que está comiendo la comida de su abuela”, nos dice Hernando.

Entre los fogones del local empiezan a abundar los chipirones, los moros y cristianos —arroz y frijoles— y la carne. En las paredes, las fotografías visten el espacio con algunos de los lugares más populares de Cuba. Lugares y olores nostálgicos que, hasta quince años atrás, eran todavía comunes para Hernando.

“Los primeros años (tras salir de Guantánamo, en el sureste de Cuba) hay una añoranza tremenda, que siempre que llegan las vacaciones quieres ir y quieres ver a tus amigos, a tu familia”, cuenta Hernando. “Luego, vas haciendo ese duelo, doloroso, de que quizá nunca más vuelvas a ir”.

La última vez que viajó de regreso a la isla fue en 2019. Una visita en la que cerró ese duelo de migrante. “No voy más”, confiesa que se dijo a sí misma.

Pero, en estas últimas semanas, algo ha cambiado. “Últimamente estoy teniendo un poquito de esperanza en que las cosas cambien, en que mejore la situación y poder regresar, y poder enseñarle a mi hija dónde nací, dónde crecí, la casa de la familia”.

Y el motivo no es otro que el mismo expresado por Yúnior García. Esto es, la creciente presión que Estados Unidos ejerce contra la isla después del operativo militar que el país desplegó en Caracas con el objetivo de capturar a Nicolás Maduro.

Ahora bien, a su juicio el cambio en Cuba no se presenta fácil. Pero, de ocurrir, tiene claro cómo debe beneficiar a su población. Esto es, implementando “una mejor sanidad, más seguridad en las calles, prosperidad, y que las personas tengan donde realmente puedan abastecerse; que su salario les valga para satisfacer sus necesidades básicas”.

A escasos tres kilómetros de distancia y enfrascada en sus labores de corrección de textos para diferentes sellos editoriales, Massiel Rubio abre la puerta de su apartamento semisótano a CNN.

Original de Jaruco, un pueblo a unos 40 kilómetros de La Habana, decidió salir del país hace casi nueve años. “Era insostenible vivir en Cuba”, dice. Entre otros motivos, debido a la presión que sintió por haber trabajado en una editorial que publicaba a autores “prohibidos” en la isla, algo que afirma que le cerró oportunidades y le generó dificultades para lograr empleos.

Así las cosas, la nostalgia de su hogar es más bien residual. “Siento añoranza de una isla, quizá ya no la isla que es ahora mismo”, detalla. “Siento añoranza de algo que no existe, ojalá pudiera volver a existir”.

Como García y Hernando, ella también sigue muy de cerca lo que ocurre en su país natal. Y lo hace, sobre todo, leyendo a compañeros y contactos que permanecen allí. Pero, al revés que los otros, ella se expresa más cautelosa sobre lo que pueda ocurrir a partir de ahora.

“Después de tantos años de yo estar ligada a grupos activistas, a grupos de cambio, a dinámicas para intentar generar un posible cambio en Cuba, (…) a mí me coge en este momento muy agotada”, confiesa.

Lo que sí aprecia es que algo empieza a moverse con la presión estadounidense. “No vamos a hablar de cambio positivo porque no sabemos todavía qué va a pasar. Pero, por lo menos, está la posibilidad de que algo se mueva”.

Y si ese cambio ocurre, tiene muy claro que debe incluir a la sociedad civil, dado que “habría una representatividad de quien de verdad va a recibir el cambio y qué es lo que quiere”. De ahí que espera que las conversaciones entre Washington y La Habana engloben a aquellos activistas y personas que, durante años, han trabajado para lograr una transformación democrática.

Solo así, dice Rubio, el futuro beneficiará a todos los que siguen en la isla.

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