Perú celebra elecciones en las que elegir al presidente puede no ser lo más importante: esto está en juego

Perú, el país con mayor inestabilidad presidencial de la región en la última década, celebra elecciones generales este domingo con incertidumbre sobre quiénes pasarán a una segura segunda vuelta, ante un escenario disperso, y con especial atención a la conformación de una nueva bicameralidad en el Legislativo.

La líder conservadora Keiko Fujimori llega como favorita en las encuestas con una leve ventaja sobre el resto para pasar a su cuarto balotaje consecutivo, pero luego no hay nada definido entre un pelotón de 35 aspirantes de diversa orientación política, como el ultraderechista Rafael López Aliaga, el comediante Carlos Álvarez o el multifacético empresario Ricardo Belmont.

La alta fragmentación podría resultar en que el nuevo oficialismo gobierne desde el 28 de julio sin una mayoría en el Congreso, lo que ha sido un factor determinante en las crisis que llevaron al país a tener 8 presidentes en los últimos 10 años.

El récord de 36 candidatos presidenciales inscritos (menos uno que murió en febrero) está acompañado por la cifra de más de 10.000 aspirantes en las cinco elecciones que se celebran simultáneamente, con una boleta única gigante: presidencia, dos votaciones para el Senado, una para la Cámara de Diputados y otra para el Parlamento Andino.

“Estas elecciones son extremadamente complejas, son las más difíciles que hemos tenido”, dijo a CNN la politóloga Zaraí Toledo, docente de la Universidad Católica del Perú. “El sistema fue diseñado para ser complicado, para que el elector tenga problemas para entenderlo y además para facilitar que quienes están ahora en el Legislativo puedan permanecer así”, consideró la investigadora.

Pese a que la población rechazó abrumadoramente en un referéndum de 2018 un retorno a la bicameralidad, el Congreso, con niveles récord de impopularidad, aprobó la reforma en 2024.

“Esto favorece que la gente se maree, se desinterese por la política y que sea completamente apática. Y favorece a quienes ya están en el poder, quienes tienen recursos para hacer campaña. Realmente la competencia ya de por sí está desequilibrada, está hecha para confundir al elector y favorecer el statu quo”, dijo Toledo.

Mientras el ganador de las elecciones probablemente no contará con una bancada numerosa que lo proteja de un intento de destitución, en cambio el Senado tendrá más poder que el que ahora ostenta el Congreso, ya que no podrá ser disuelto por el Ejecutivo.

“Tenemos un deterioro terrible de los sistemas democráticos básicos. Ya ni siquiera voy a hablar de la calidad de la democracia, sino la alternancia en el poder. No importa a quién elijas como presidente, la mayoría de peruanos están convencidos que esa persona no terminará su gobierno, o que será manipulada por el Legislativo a menos que siga sus caprichos. El equilibrio de poderes ya se rompió”, comentó Toledo.

Si el destino del ganador estuviese marcado por los antecedentes, no solo hay poca “esperanza de vida” para su mandato, sino que tendría altas posibilidades de terminar procesado o encarcelado, como la mayoría de los presidentes de las últimas cuatro décadas.

Mientras el presidente no tiene asegurada su continuidad y el Senado sí, analistas coinciden en que el verdadero poder estará en la cámara alta.

“En estas circunstancias, sí, por supuesto”, dijo a CNN el politólogo peruano Mauricio Zavaleta, investigador de la Universidad de Pittsburgh. “El Senado va a ser indisoluble, va a tener los poderes de confirmación de varios organismos importantes, va a poder modificar los proyectos que sean aprobados en la cámara baja (sin que los diputados vuelvan a votar). Entonces, finalmente el poder se va a concentrar en esas 60 personas que vayan a ser elegidas”. Lejos de un sistema de contrapesos, Zavaleta anticipa que “quienes estén en el Senado quieran tomar mucho más poder y completamente cambiar una ley”.

Ante ese panorama, el coautor del libro “¿Por qué no hay partidos políticos en el Perú?” ve prácticamente inevitable que el nuevo quinquenio sea “mucho más de lo mismo”, con una presidencia debilitada. “Eso ya genera un espacio como el que hemos visto anteriormente, en el cual se van a hacer acuerdos muy cortoplacistas para repartirse ministerios, para repartirse comisiones en el Congreso”, describió.

La cantidad de postulantes obligó a que el debate televisado se dividiera en tres jornadas de hasta 12 candidatos, dejando poco espacio para el desarrollo de propuestas. Durante la campaña, buena parte de las promesas giraron en torno a la inseguridad, que es uno de los mayores reclamos de la ciudadanía.

“El Perú tiene un problema de imaginación”, dijo Zavaleta. “El eje de debate general ha sido la delincuencia. Vemos una constelación de políticas de mano dura, pero no hay una idea concreta de qué hacer; entonces, lo más fácil y lo políticamente rentable es apelar a la mano dura”, comentó, aunque agregó que el electorado no necesariamente está respondiendo a esas propuestas.

La confrontación de propuestas no ahondó en temas económicos, que podrían ganar más relevancia si en segunda vuelta se enfrentan dos planes antagónicos.

El Fondo Monetario Internacional anticipó en su informe de marzo un “crecimiento sostenido en un contexto de elevada incertidumbre”, con un llamado a racionalizar el gasto e implementar reformas tributarias que reduzcan brechas en materia de infraestructura y servicios sociales.

Para Zavaleta, el modelo económico, que lleva dos décadas de crecimiento del PBI (en los últimos años más moderado) y con estabilidad monetaria, podría verse amenazado en el próximo lustro, aunque no necesariamente por propuestas radicales de izquierda. “El modelo se sostiene en cierta restricción por parte de los congresistas, en no incrementar el gasto público de manera irresponsable. Y lo que hemos visto al menos del 2020 en adelante son leyes que incrementan sustancialmente el déficit fiscal. Vamos a ver esa presión sobre el sistema peruano”, advirtió.

En cuanto a la política exterior, Perú es uno de los varios escenarios en disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, las potencias con las que el país intenta un delicado balance. Pero el tema no ha sido tocado en campaña.

“Perú va a seguir haciendo lo mismo que ha venido haciendo durante los últimos 20 años, porque a los políticos en general no les interesan mucho los temas de política exterior”, dijo Zavaleta. “Tiene una buena relación con los Estados Unidos y también con China en la medida de lo posible, les da un poco a todos. Eso es a lo que va a seguir jugando, por más que haya presiones claras por parte de EE.UU. para que el país se defina frente a China”, agregó.

En tanto, Toledo lamentó que no sea una cuestión de interés para los candidatos. “Pareciera que el Perú vive al margen de todo. En el mundo hay guerras, cambios de poder, estrategias geopolíticas, intervenciones acá cerca, y el Perú parece ajeno a eso”, apuntó. También, criticó que la expresidenta Dina Boluarte haya protagonizado tensiones diplomáticas con países socios como México, Colombia y Chile. “Latinoamérica ha dejado desde hace bastante tiempo de ser completamente dependiente de la inversión del eje occidental. Y esto requiere que nosotros tengamos una estrategia para luchar o para plantearnos a dónde queremos ir con miras a estos cambios geopolíticos”, remarcó.

“Esta democracia ya no es democracia” fue el canto que se multiplicó durante las protestas realizadas tras la destitución y arresto del presidente Pedro Castillo, con la consigna de exigir nuevas elecciones. Casi 50 personas murieron en el marco de las manifestaciones y la represión a fines de 2022 e inicios de 2023, lo que desató condenas internacionales, pero sin responsabilidades políticas ni convocatoria de comicios.

Toledo, que ha investigado diversos temas de minería, destacó que durante el boom de los commodities Perú fue el país con más conflictos socioambientales. “Las demandas existen, la gente se ha levantado varias veces a protestar. Harta estoy de escuchar que digan que en Perú no pasa nada, que está muy quietito. Siempre hemos tenido el problema de que las demandas no han escalado y no llegan a articularse”, expresó.

Por su parte, Zavaleta no considera que la concentración de poder de varios grupos pueda considerarse una dictadura, pero señaló que el deterioro democrático ha llevado al país a un modelo no representativo. “Los congresistas actuales y seguramente los que vienen se han dado cuenta de que una forma de sobrevivir en política es no apelando al electorado general. En medio de la fragmentación, uno puede apelar a clientelas muy particulares o a grupos de interés”, como la minería ilegal o transportistas irregulares, agregó. Favorecer a esos grupos es lo que les puede asegurar su permanencia en el poder, explicó.

“Entonces, claro. Uno esperaría que en una democracia saludable, representativa, los políticos escuchen a sus electores porque saben que dependen de ellos. Pero no están respondiendo a ellos”, añadió.

Al respecto, Toledo indica que las bancadas del Congreso no formaron un grupo dominante, sino que se trata de una diversidad de ideologías que se unen con pragmatismo cuando sus intereses confluyen, muchas veces integrados por individuos que saltaron a la política como una inversión de la cual buscar sacar frutos. “La competencia política gira mucho alrededor de réditos inmediatos. No tenemos una coherencia, no es un solo bloque que maneja todo. Sería incluso más fácil para el elector identificarlo así. El problema es que son un montón de actores dispersos, desorganizados, de distintas camisetas”, comentó.

El escenario es volátil ya que entre la desidia y la dispersión muchos electores definen su voto en los últimos días, atentos a los resultados de las encuestas.

“Para mí (esa estrategia del votante) tiene todo el sentido posible, no encuentro algo más racional. ‘¿Para qué voy a mirar planes de gobierno si nadie los respeta? Mejor me espero la última semana, veo quién está ahí’. Es lo más pragmático”, dijo Toledo. “Muchos están convencidos de que no importa a quién elijan, no necesariamente va a terminar su período si no sigue las presiones del Legislativo. Es una respuesta poderosa (en las encuestas) el hecho de que la gente ya dejó de creer que su voto importa”.

La soga de la falta de representación política se tensa hasta estar cada vez más cerca de romperse, lo que arriesga a un escenario de situaciones imprevisibles.

“El descontento es muy, muy grande, muy generalizado, que además realimenta ese sentido de que toda la política es corrupta”, dijo Zavaleta, una sensación que a su vez excluye a gente calificada de la esfera pública, un problema que retroalimenta el círculo vicioso.

“Puede surgir un líder autoritario que de alguna manera logra, yo creo que necesariamente desde Palacio de Gobierno, mostrarse firme hacia el Congreso. Y con eso aprovecharlo para tratar de forzar un cierre de la cámara baja. Hay un riesgo de autoritarismo real en el cual efectivamente un actor concentra poder. Es complicado, pero cuando la gente está descontenta es posible hacer ese tipo de discurso”, advirtió el analista.

La pregunta de cuánto durará el próximo presidente, formulada muchas veces desde el humor entre la población, es una preocupación real. Zavaleta no ve posible algún escenario que despierte optimismo y cree que la mayoría de candidatos alcanzaría, en el mejor de los casos, la mitad del mandato. Pero sí vislumbra una posibilidad de, al menos, conseguir estabilidad, aunque la considera controversial: una victoria en varios frentes del fujimorismo, un partido cuyo hito fundacional fue un autogolpe en 1992 y que desde 2016, cuando comenzó el ciclo de crisis, fue la bancada que más desestabilizó al Gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski, forzando su salida.

“Dentro de las opciones, la que promete más estabilidad política es Keiko Fujimori. Seguramente tendrá la bancada más grande. Además, tienen la experiencia porque han manejado los congresos, al menos desde el 2016 en adelante, independientemente de su condición de mayoría o minoría”, comentó.

Según su análisis, el movimiento del fallecido autócrata Alberto Fujimori (1990-2000), condenado por delitos de lesa humanidad, “aprendió a hacer política parlamentaria”, con un grupo disciplinado y de alcance nacional. “Es paradójico, ¿no? Viniendo de un movimiento político que se crea cerrando el Congreso. (…) Tendrían la experiencia para generar acuerdos con otros partidos de derecha, que son la mayoría de quienes están en contienda”.

En la otra orilla de la gobernabilidad entre los candidatos que asoman con posibilidades Zavaleta ubica a Carlos Álvarez, que subió puntos en las últimas semanas. “Está en un partido (País para Todos) que él no controla, con un montón de invitados. Lo más probable sería que no termine su mandato”, analizó.

Para sobrevivir a las presiones del Legislativo no siempre alcanza con hacer concesiones, indicó Zavaleta. El caso de Boluarte, que pasó casi tres años como presidenta con una aprobación que cayó al 5 %, acordó en gran medida con la coalición mayoritaria del Congreso, pero finalmente su permanencia era más costosa que su salida.

Pese al panorama, Toledo prefiere cerrar con un tono optimista. “El país está lleno de líderes ambientales, tenemos bastantes personas que la luchan. Hay un problema de articulación, pero esas fuerzas existen”, comentó. “Mi corazón todavía tiene esperanza”.

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