Trump enfrenta dilemas en Irán que definirán su legado

La cuestión ya no es si el presidente Donald Trump ha perdido el control del discurso de su nueva guerra en Irán.

La cuestión es si ha perdido el control de la guerra misma.

Una vez iniciadas, las guerras generan una inercia insidiosa que puede superar la capacidad de comunicación política de la Casa Blanca. Si escapan al control del presidente sobre su rumbo, el peligro político acecha.

Tras el impactante inicio del conflicto con la muerte del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, el equipo de Trump podría haber esperado encontrarse en una mejor situación tres semanas después. Sin embargo, sigue siendo imposible encontrar una salida.

Si bien Estados Unidos e Israel han infligido una destrucción incalculable al complejo militar-industrial y la maquinaria de represión de Teherán, Irán ha tomado la iniciativa ampliando el alcance de la guerra.

El cierre del estrecho de Ormuz, una ruta vital para el transporte de petróleo, amenaza con paralizar la economía mundial. Los estadounidenses ya están sufriendo las consecuencias, con precios promedio de la gasolina que se acercan a los US$ 4 por galón.

Las cosas podrían empeorar.

Las instalaciones regionales de petróleo y gas en la región del Golfo están siendo atacadas.

Trump insistió el jueves en que desconocía que Israel planeara atacar el yacimiento de gas iraní de South Pars. Fuentes de CNN contradijeron su afirmación, difícil de conciliar dada la estrecha coordinación entre Estados Unidos e Israel. El presidente luego declaró que le había advertido al primer ministro Benjamin Netanyahu: “No hagas eso”.

Pero este episodio no hizo sino agravar la preocupación entre los críticos de MAGA de que Israel, y no Estados Unidos, sea quien está dirigiendo la guerra.

Los estados del Golfo, azotados por días de alertas de misiles y drones, están frustrados porque el milagro económico ejemplificado por sus paisajes urbanos futuristas está en peligro debido a una guerra que su aliado estadounidense inició y que ellos no deseaban.

Mientras tanto, Trump está furioso porque no puede simplemente ordenar a los europeos que envíen barcos para abrir el estrecho. “Esta no es nuestra guerra”, declaró esta semana el canciller de Alemania, Friedrich Merz.

Una administración que nunca logró aclarar su postura sobre la amenaza nuclear iraní, utilizada como justificación para la guerra, no ha ofrecido hasta el momento ningún plan que aclare a qué se refiere Trump cuando afirma que terminará “pronto”.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtió el jueves que no existen plazos definidos para la retirada. “En última instancia, la decisión final recaerá en el presidente, quien dirá: ‘Hemos logrado lo necesario en nombre del pueblo estadounidense para garantizar nuestra seguridad’”.

Pero los legisladores, a quienes la administración está a punto de solicitarles hasta US$ 200.000 millones para financiar la guerra, y posiblemente más, van a necesitar respuestas.

“La gente de Alaska me pregunta cuánto tiempo va a durar esto”, declaró la senadora Lisa Murkowski a Lauren Fox de CNN. “¿Habrá tropas sobre el terreno? ¿Cuánto va a costar?”.

Estas preguntas son especialmente acuciantes en Alaska, que tiene una de las mayores concentraciones de soldados en servicio activo y veteranos. La minúscula mayoría republicana está a punto de enfrentarse a su mayor prueba y a esta pregunta: si los republicanos disidentes de MAGA se resisten, ¿ayudarán realmente los demócratas a que Trump financie su guerra en un año de elecciones de mitad de mandato?

Esta es la respuesta del presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson: “Ya lo veremos”.

Trump se muestra desafiante. “Hemos aniquilado prácticamente todo lo que había que aniquilar”, declaró el jueves en el Despacho Oval.

Y Hegseth reprendió a los periodistas que “piensan que, apenas 19 días después del inicio de este conflicto, nos dirigimos hacia un abismo sin fin, una guerra eterna o un lodazal”.

Hasta cierto punto, tiene razón.

Miles de incursiones y ataques con misiles estadounidenses e israelíes sin duda representaron una victoria operativa. La capacidad de Irán para amenazar su región debe ser una fracción de lo que era.

Pero, ¿ha debilitado fatalmente la maquinaria política del régimen? La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, declaró el miércoles que, si bien se ha visto degradada, “parece estar intacta”.

Puede que Irán esté perdiendo la guerra de Trump, pero está ganando la suya propia.

Un régimen brutal que ha matado a miles de personas y cuya ausencia no desearía ningún vecino tiene un único objetivo: su propia supervivencia.

Esto implica elevar el precio económico para el resto del mundo y, por consiguiente, la presión política sobre Trump.

Ya se ha demostrado que bloquear el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz es un arma eficaz. Resulta extraño, entonces, que la administración no previera su uso. “No tienen por qué preocuparse”, aseguró Hegseth sobre esta vía marítima vital hace siete días.

Expertos marítimos advierten que reabrir el estrecho será peligroso. Los bombardeos aéreos tienen un alcance limitado. Podría ser necesaria una fuerza terrestre considerable para desmantelar las plataformas de lanzamiento de drones y misiles en el terreno montañoso que bordea el estrecho.

Por lo tanto, Trump se enfrenta a una decisión crucial que casi todos los comandantes en jefe modernos han tomado: para salir de una guerra, ¿debe primero intensificarla?

“No voy a desplegar tropas en ningún sitio. Si lo hiciera, desde luego no se lo diría, pero no voy a desplegar tropas”, declaró el presidente a los periodistas el jueves, pero, buscando desviar la conversación, soltó una digresión. “Miren, el Dow Jones alcanzó los 50.000 puntos hace un par de semanas”.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sugirió levantar las sanciones al petróleo iraní que ya se encuentra en el mar, en un intento por reducir los precios del crudo. Esto significaría que Estados Unidos permitiría a su adversario financiar su esfuerzo bélico.

Incluso si se trata de un farol para tranquilizar a los mercados petroleros, evidencia una crisis que se agrava rápidamente.

No parece que haya un plan.

“No creo que tengamos ni idea de cuál es nuestro objetivo en este momento. Parece cambiar día a día y, ya sabes, no se previó que esto se convertiría en una guerra prolongada, cuando en realidad debería haberlo sido”, comentó a Becky Anderson en CNN International Nate Swanson, quien fue director para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Biden y formó parte del equipo negociador de Trump sobre Irán a principios de 2025.

Washington lleva días especulando sobre cuándo Trump declarará la victoria y traerá a las tropas de vuelta a casa.

Pero la escalada del conflicto significa que quizás ya no tenga esa opción.

“Nadie puede lograr la perfección en tiempos de guerra”, manifestó Hegseth el jueves.

Es cierto, pero la “perfección” no está ni cerca. Tras iniciar una nueva guerra, Trump no controla cuánto durará, hacia dónde se extenderá, cuánto costará ni cuánto complicará la vida de los estadounidenses, ya de por sí hartos de la inflación.

Y corre el riesgo de definir su segunda presidencia.

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