Padre intenta matar al asesino de su hija 30 años después del homicidio
Foto: Archivo
Padre intenta matar al asesino de su hija 30 años después del homicidio
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Padre intenta matar al asesino de su hija 30 años después del homicidio

El padre, aún y por siempre dolido por la muerte de su niña, buscó venganza.

(NOTICIAS YA).-Son ya más de 3 décadas desde que la pequeña Ana Isabel, Anabel de cariño, desapareció, pero su padre Juan José nunca la podrá olvidar o descansar hasta encontrar justicia.

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La tarde del 13 de abril, Juan José Fernández demostraría cómo un padre nunca olvida el amor por su hija, la sed de venganza y la búsqueda de verdadera justicia, al atacar al asesino de su pequeña en plena calle y en cercanía de oficiales de policía.

Sin importarle la hora y el lugar, con cuchillo en mano, Juan José rastreó al asesino de su hija y lo atacó para matarlo.

Cuando los oficiales los separaron la sangre brotaba del rostro de Enrique Sánchez, quien sabía perfectamente quién y por qué atentaba contra su vida, pero decidió decir que todo se trataba de un asalto.

Pero la historia es una que data de hace casi 33 años atrás.

La pequeña Anabel fue vista por última vez el 24 de mayo de 1985. Dos días después, su cuerpo fue encontrado en un pozo. Había muerto por ahogamiento de agua, lodo y tierra, en un cruel y cobarde acto de abuso que quiso ser callado para siempre.

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Para entonces, la guardia del pequeño pueblo de Huétor Santillán, en España, tenía a dos detenidos, ambos hermanos de la madre de la niña. Uno de ellos confesó el crimen.

El agresor era hermano de la madre de la niña y relató su cobarde crimen.

Enrique Sánchez, en aquél tiempo de 21 años y tío de Anabel, de solo 4, engañó a la niña diciéndole que lo acompañara para darle dulces, y la llevó a un lugar apartado donde intentó abusar de ella.

La niña se defendió y el hombre, frustrado y cobarde, decidió sofocarla y matarla. La niña, guerrera, resistió, así que Enrique buscó una alternativa: la arrojó a un pozo y, aún viva, la abandonó para que muriera.

Por su delito, Enrique fue condenado a 40 años en prisión y una multa; no cumplió ni una ni otra, pues poco más de 20 años tras las rejas, le dio de nuevo su libertad.

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Juan José sabe que ningún castigo será suficiente para pagar el precio que le costó perder a su pequeña Anabel y con más de 7 décadas de vida (2 más que el asesino de su hija), usó su fuerza, su rabia y su dolor para intentar matarlo.

No lo logró, pero dejó muy claro que en su libro no existen las palabras “perdón” y “olvido”.




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