Conozca al diplomático encargado de convertir el alto el fuego respaldado por Estados Unidos en paz para Gaza

Cuando Rumiana Bachvarova llevaba poco tiempo en su nuevo cargo como embajadora de Bulgaria en Israel, fue a ver a su compatriota Nickolay Mladenov en Jerusalén.

Él la llevó al Monte de los Olivos, con vistas a la Ciudad Vieja de Jerusalén.

“Este pequeño lugar es la piedra angular de todos los conflictos aquí”, le dijo Mladenov a Bachvarova. “Pero mira qué hermoso es”.

Mladenov llevaba varios años en su cargo como coordinador especial de las Naciones Unidas para el Proceso de Paz en Medio Oriente, un puesto históricamente visto como simbólico pero ineficaz. Los diplomáticos que ocuparon ese título anteriormente emitieron declaraciones condenando la expansión de los asentamientos israelíes en la Ribera Occidental ocupada y enfatizando la importancia de la solución de dos Estados. Pero tuvieron poco impacto en un conflicto intratable, en gran parte ignorados por los israelíes e incapaces de promover cambios con los palestinos. Llegaban y se iban sin dejar huella.

Pero Mladenov asumió el cargo con una perspectiva diferente, capaz de construir relaciones de confianza tanto con funcionarios israelíes como palestinos. El político y diplomático búlgaro ya había sido nombrado ministro de Defensa de su país a los 37 años, y unos meses después se convirtió en ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó durante tres años. Antes de llegar a Jerusalén en 2015, fue representante especial de la ONU para Iraq y, anteriormente en su carrera, fue miembro del Parlamento Europeo.

Ahora, Mladenov, de 53 años, enfrenta quizás su tarea más difícil hasta la fecha. Como recién nombrado alto representante para Gaza, actuará como el vínculo clave entre la “Junta de Paz” del presidente estadounidense Donald Trump y un comité tecnocrático compuesto por funcionarios palestinos que está destinado a administrar el enclave devastado. Debe convertir un plan de alto el fuego de 20 puntos, negociado por Estados Unidos y carente de detalles clave, en un programa viable que pueda reconstruir Gaza, desarmar a Hamas y gobernar a dos millones de personas.

Y todo debe ser aceptable para israelíes, palestinos y estadounidenses para que funcione.

Junto a él en la Junta de Paz —aunque sin sus responsabilidades directas hacia el comité— estarán el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff, el yerno de Trump, Jared Kushner, y el ex primer ministro de Reino Unido Tony Blair, entre otros, anunció la Casa Blanca.

Con poca fanfarria, Mladenov se reunió la semana pasada con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y altos funcionarios palestinos mientras se preparaba para el trabajo que le espera.

Mladenov declinó comentar sobre su nuevo cargo. Cuando Witkoff anunció el lanzamiento de la segunda fase del alto el fuego el miércoles, Mladenov compartió su mensaje pero no hizo ninguna declaración propia.

Pero seguramente sabía lo que se avecinaba cuando publicó un mensaje de Año Nuevo en X.

“A medida que entramos en 2026, espero que sea un año en el que prevalezca el sentido común, se respeten las reglas, los hechos pesen más que los eslóganes y la fuerza se mida no por una escalada imprudente, sino por la moderación reflexiva y las decisiones sabias”, escribió.

Cuando Mladenov llegó a Jerusalén hace poco más de una década, al principio le sorprendió lo irrelevante que parecía el puesto, según una entrevista con The New York Times que concedió al dejar el cargo a finales de 2020. Pero Mladenov iba y venía entre los actores clave, reuniéndose con los israelíes, el Gobierno Autónomo Palestino en la Ribera Occidental ocupada y Hamas en Gaza, y presentando su informe mensual al Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York, como exigía su cargo.

Durante su tiempo en Jerusalén, hizo pocos titulares, pero tras bambalinas fue activo, especialmente junto a Egipto, para poner fin rápidamente a las repetidas escaladas entre Israel y Hamas.

“Funcionó. Otra vez”, escribió una vez en un mensaje de texto después de que se calmara un estallido de violencia de 24 horas.

“Todos aprecian a Mladenov, no solo en Israel sino en todo Medio Oriente. Ha logrado ganarse la plena confianza de todas las partes, lo cual es extremadamente raro”, dijo esta semana a CNN un alto funcionario israelí. “Habla de manera positiva y constructiva, evita quedarse atascado en lo negativo y trabaja de forma ordenada y transparente con todos y sin complicaciones innecesarias. Es un jugador justo que entiende las sensibilidades de todas las partes”.

Entre los palestinos, las valoraciones son más matizadas. Xavier Abu Eid, analista político que solía trabajar como asesor en el Departamento de Asuntos de Negociaciones de la OLP, reconoció el profesionalismo de Mladenov.

“Siempre se le consideró una persona muy seria, alguien que conocía muy bien los expedientes. No era el tipo de enviado o diplomático que dependía demasiado de asesores o de que le dijeran qué decir”, dijo.

Pero Abu Eid también dijo a CNN que sentía que Mladenov se inclinaba demasiado hacia la posición israelí, preocupándose más por la imagen de Israel que por las violaciones de derechos humanos sufridas por los palestinos.

“Le importaban los palestinos, pero le importaban más los israelíes”, dijo Abu Eid.

Algunos en la comunidad diplomática en Jerusalén coincidieron, creyendo que Mladenov descuidó en exceso al Gobierno Autónomo Palestino (GAP), la entidad creada en los años 90 como parte de los esfuerzos internacionales para resolver el conflicto y que sigue teniendo cierto control administrativo sobre partes de la Ribera Occidental.

Un diplomático dijo a CNN que sentía que Mladenov podría haber dedicado más tiempo a trabajar en el estancado proceso de paz —lo que habría significado involucrarse más con el Gobierno Autónomo Palestino— que en cultivar lo que llegaron a ser muy buenas relaciones no solo con Israel, sino también con Hamas, el antiguo rival del GAP y una organización designada como terrorista por Estados Unidos.

Una lectura comprensiva de las decisiones de Mladenov podría concluir que dedicó sus energías a los actores más dinámicos dentro de su ámbito, pero también es cierto que le convenía al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, que el funcionario de la ONU de más alto rango en la región cultivara lazos con Hamas a expensas del Gobierno Autónomo Palestino. Un liderazgo palestino dividido servía para debilitar la causa palestina en el escenario internacional.

Pero mientras ese enfoque encubierto de Israel hacia Hamas se vino abajo con los ataques del 7 de octubre de 2023, en Ramallah, sede del Gobierno Autónomo Palestino, persiste la preocupación de que el nuevo comité tecnocrático pueda ser otra forma de dividir a los palestinos creando centros de poder rivales.

“El Gobierno Autónomo Palestino como autoridad interina ha estado allí durante los últimos 32 años, y ahora está la (nueva) autoridad en Gaza… que también es un arreglo interino hasta el 31 de diciembre de 2027, así que el tema para nosotros, ahora que tenemos dos autoridades interinas, es cómo realmente vincularlas para lograr una solución de dos Estados”, dijo el ex primer ministro del Gobierno Autónomo Palestino Mohammad Shtayyeh en una nota de voz a CNN.

Muchos palestinos también son escépticos respecto a los vínculos continuos de Mladenov con los Emiratos Árabes Unidos, donde se ha desempeñado como director general de la Academia Diplomática Anwar Gargash, centrada en relaciones internacionales y diplomacia. Durante sus últimos meses en Jerusalén con la ONU, Mladenov promovió los Acuerdos de Abraham, que llevaron a Israel a normalizar relaciones con los Emiratos Árabes Unidos, entre otras naciones. Los palestinos vieron el acuerdo de paz de 2020 como una traición, ya que el reconocimiento de su Estado debía ser un requisito previo para la integración regional de Israel.

Pero los defensores de los Acuerdos sostienen que subrayan lo que muchos ven como una de las fortalezas de Mladenov: su disposición a adoptar nuevos enfoques.

“Creo que es muy práctico”, dijo el exembajador de EE.UU. en Israel Dan Shapiro. Ambos trabajaron juntos en 2015 y 2016, donde Mladenov demostró su disposición a sortear la burocracia para lograr resultados. “Está mucho menos limitado o comprometido con los procesos burocráticos que con obtener resultados. Irá a cualquier parte y hablará con cualquiera, e insistirá en que esas conversaciones estén orientadas a resultados”, dijo Shapiro, ahora investigador principal en el think tank Atlantic Council.

Pero prácticamente todos con quienes habló CNN emitieron la misma y contundente advertencia: la capacidad pasada de Mladenov para construir relaciones no garantiza el éxito en su nuevo cargo. Sin una infraestructura establecida a su alrededor, debe asumir de inmediato las tareas más desafiantes bajo la incipiente segunda fase del acuerdo negociado por Estados Unidos.

Tres meses después de la entrada en vigor del alto el fuego, Hamas no ha dado ningún paso para desarmarse, lo que ha impedido el despliegue de una fuerza internacional de seguridad en Gaza; también persisten las dudas sobre las verdaderas intenciones de Israel respecto a una retirada militar adicional del enclave. Mladenov también debe encontrar la manera de hacer la transición de Gaza tras casi dos décadas de Gobierno de Hamas al comité tecnocrático palestino bajo su dirección.

Por su parte, Hamas ha dado la bienvenida a la formación del comité y dijo en un comunicado, emitido por Basem Naim, un alto funcionario, que estaba listo para entregar la administración de Gaza y facilitar el trabajo del comité.

Sin embargo, un ex alto funcionario de seguridad israelí expresó escepticismo.

“No espero que este esfuerzo tenga éxito”, dijo el exfuncionario, que trabajó con Mladenov en su papel en la ONU. “Tiene una gran capacidad para generar empatía. Pero desde la perspectiva de Israel, está claro que también tiene lazos estrechos con Hamas, lo que dificultará que les imponga algo y que renuncien al poder”.

En última instancia, probablemente será la voluntad política y la buena fe de los actores clave lo que determine el éxito de Mladenov en su nuevo trabajo, pero quienes lo conocen creen que, si fracasa, no será por falta de esfuerzo.

Bachvarova, la compatriota búlgara a quien le mostró la Ciudad Vieja de Jerusalén, destaca la conexión emocional que tiene con los demás y su firme creencia en el diálogo y el compromiso.

“No toma las decisiones fáciles, ni sigue la línea política fácil”, dijo. “Es un hombre valiente”.

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