Análisis de ADN revela que los antiguos mayas no solo sacrificaban mujeres jóvenes

(CNN) — La antigua ciudad maya de Chichén Itzá, en la península de Yucatán, México, ha estado asociada durante mucho tiempo a los sacrificios humanos, por los cientos de huesos que se han encontrado en templos, un pozo sagrado y otras cavernas subterráneas.

Una idea errónea que se ha mantenido durante mucho tiempo es que los elegidos para el sacrificio solían ser jóvenes y mujeres, una impresión que se ha quedado grabada en el imaginario contemporáneo y que resulta difícil de desterrar, a pesar de que investigaciones más recientes han sugerido que entre los sacrificados había tanto hombres como mujeres, además de niños. Un estudio publicado el miércoles en la revista académica Nature añade detalles inesperados a esa imagen más compleja.

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El nuevo análisis, basado en el ADN antiguo de los restos de 64 personas que los arqueólogos creen que fueron sacrificadas ritualmente y luego depositadas en una cámara subterránea, descubrió que eran varones jóvenes, muchos de los cuales estaban relacionados de forma muy directa.

«Hubo dos grandes momentos sorprendentes aquí», afirma el autor principal del estudio, Rodrigo Barquera, investigador del departamento de Arqueogenética del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania.

«Pensábamos, influenciados por la arqueología tradicional que encontraríamos, un enterramiento sin sesgo sexual o mayoritariamente de niñas», dijo.

«Y el segundo (fue) cuando descubrimos que algunos de ellos estaban emparentados y había dos parejas de gemelos».

La pirámide de El Castillo se alza sobre las ruinas de Chichén Itzá, en la península mexicana de Yucatán. Chichén Itzá fue una de las mayores ciudades mayas. Crédito: Donald Miralle/Getty Images

El análisis de esqueletos no resuelve todo

Según Rubén Mendoza, arqueólogo y profesor del departamento de Ciencias Sociales y Estudios Globales de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterrey, la escabrosa idea de que los mayas sólo sacrificaban a mujeres jóvenes o niñas es, en gran medida, un mito que tiene su origen en los primeros y románticos relatos sobre el pozo sagrado o cenote de Chichén Itzá. No participó en el estudio, pero es editor de un nuevo libro sobre sacrificios rituales en Mesoamérica.

«Esta caracterización del sacrificio maya fue catapultada al primer plano a través de las representaciones en los medios de jóvenes doncellas (también conocidas como vírgenes) que eran arrojadas a la muerte en el Cenote Sagrado», dijo por correo electrónico.

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Sin embargo, el misterio de a quién sacrificaban exactamente los mayas ha sido difícil de desentrañar porque es imposible identificar el sexo del esqueleto de un niño analizando únicamente los huesos.

Aunque la pelvis y algunos otros huesos pueden revelar si el esqueleto era de un adulto de sexo masculino o femenino, las diferencias reveladoras solo aparecen durante la pubertad e, incluso entre los adultos, la variación natural puede dificultar una identificación precisa.

Detalle de un tzompantli de piedra reconstruido en Chichén Itzá, una antigua ciudad maya donde los sacrificios humanos eran habituales. Crédito: Christina Warinner

Según Christina Warinner, coautora del estudio y profesora asociada John L. Loeb de Ciencias Sociales y Antropología en la Universidad de Harvard, y jefa de grupo en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, esta dificultad hace que el análisis genético sea especialmente valioso. Pero el impacto del ADN antiguo, que ha revolucionado la arqueología en Europa y latitudes más altas, ha sido más limitado en las zonas tropicales porque el ADN se degrada más fácilmente en condiciones cálidas. Sin embargo, los recientes avances en la tecnología del ADN antiguo están ampliando su alcance, afirma.

«Cada vez recuperamos mejor incluso cantidades muy pequeñas de ADN. Y de repente, ahora tenemos la capacidad de hacer estos estudios genómicos a gran escala y aplicar el ADN antiguo como una herramienta para ayudarnos a entender el pasado en Mesoamérica», dijo Warinner. «Estoy muy entusiasmada porque se trata de una zona del mundo con una historia increíblemente rica».

Se descubrió que el cenote sagrado de Chichén Itzá contenía restos humanos y ofrendas de bienes valiosos. Crédito: Geography Photos/Universal Images Group Editorial/Getty Images

Los niños tenían menos de 6 años cuando fueron sacrificados

El equipo responsable del nuevo estudio fue capaz de extraer y secuenciar ADN antiguo de 64 de unos 100 individuos, cuyos restos se encontraron esparcidos en un chultún de agua, una cámara de almacenamiento subterránea descubierta en 1967 a unos 400 metros del cenote sagrado de Chichén Itzá.

Gracias a la datación por radiocarbono, el equipo descubrió que la caverna subterránea se utilizó durante 500 años, aunque la mayoría de los niños cuyos restos estudió fueron enterrados allí entre los años 800 y 1.000 d.C., durante el apogeo del poder político de Chichén Itzá en la región.

Según el análisis de ADN, todos los menores eran varones, procedentes de la población maya local de la época, y al menos una cuarta parte de ellos estaban estrechamente emparentados con al menos otro niño del chultún. El grupo también incluía dos parejas de gemelos, así como hermanos y primos. La mayoría de los niños tenían entre 3 y 6 años cuando murieron.

El análisis de variantes o isótopos de carbono y nitrógeno en los huesos también sugirió que los niños emparentados tenían dietas similares. En conjunto, según los autores, estos hallazgos sugerían que los niños varones emparentados probablemente eran seleccionados por parejas para los sacrificios rituales relacionados con el chultún.

«Me sorprende ver miembros de una misma familia, dada la enorme amplitud temporal del yacimiento, que por las fechas de radiocarbono se confirma ahora que fue utilizado durante un lapso de 500 años, durante el cual estos cuerpos se acumularon lentamente», dijo Vera Tiesler, bioarqueóloga y profesora de la Universidad Autónoma de Yucatán, en un correo electrónico. Ella no participó en la investigación.

Aunque los autores del estudio creen que este hallazgo revela el único enterramiento conocido de niños varones sacrificados, Tiesler dijo que el antiguo calendario ritual maya era complejo, probablemente con diferentes «perfiles de víctimas» para diferentes ocasiones religiosas a lo largo del año y ciclos temporales.

Los altares para cráneos, como el reconstruido aquí en Chichén Itzá, se utilizaban para exponerlos públicamente. Crédito: Johannes Krause

Cómo se identificó a los gemelos

Para evitar tomar muestras del mismo niño dos veces, el equipo utilizó el mismo hueso de cada niño: el hueso petroso de la base del cráneo.

«Como cada niño solo tiene uno de ellos, se puede estar seguro de que no hemos tomado muestras dobles de ningún individuo», explica Warinner. «Y eso es en realidad lo que nos permitió identificar a gemelos idénticos».

Los gemelos ocupan un lugar especial en las historias de origen y la vida espiritual de los antiguos mayas, añadió Warinner, en particular una historia llamada los «Héroes gemelos» en la que dos hermanos descienden al inframundo para vengar la muerte de su padre.

No está claro cómo ni por qué se sacrificaba exactamente a los niños, pero los métodos de sacrificio que se utilizaban en la época incluían la decapitación y la extracción del corazón.

«Creo que tenemos que recordar que la muerte, y todo lo que implican estos rituales, eran completamente diferentes para nosotros, porque tenemos una visión del mundo muy distinta a la que ellos tenían», dijo Barquera. «Para ellos, no era perder a un hijo, no era perder a uno de sus hijos, sino una oportunidad dada por las fuerzas que fueran de formar parte de este entierro especial».

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Conexiones con la comunidad actual

Warinner dijo que el estudio era la primera vez que el material genético recuperado de antiguos restos mayas era lo suficientemente detallado como para ser secuenciado, proporcionando una imagen más rica de quiénes eran las personas sacrificadas y con quién estaban (y están) relacionadas.

El equipo comparó el ADN antiguo con el de 68 residentes de la actual comunidad maya de Tixcacaltuyub. Los investigadores descubrieron que compartían una misma firma genética.

«Estaban muy contentos de saber que estaban emparentados con la gente que una vez habitó Chichén Itzá», dijo Barquera.

El equipo también demostró que el sistema inmunológico de los habitantes había sido moldeado por las consecuencias biológicas de las enfermedades que trajeron los colonizadores europeos. Los investigadores descubrieron que la población indígena actual tiene variantes genéticas que podrían haberla protegido contra la infección por salmonela, que se cree es el patógeno causante de la devastadora epidemia de cocoliztli de 1545.

María Ermila Moo-Mezeta, coautora maya del estudio y profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán, dijo que el nuevo análisis era significativo para ella, como profesora de origen indígena, para preservar la «memoria histórica del pueblo maya».

Era fascinante saber cómo el sufrimiento del pasado había dejado huella en el sistema inmunológico de las comunidades mayas actuales, añadió Tiesler.

«Este estudio es decisivamente nuevo; un punto de partida para indagaciones más específicas sobre la enrevesada trayectoria de los mayas», dijo.

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